|
|
Colaboración
de Polan Lacki - Oficial Principal en Educación y Extensión Agrícola
de la FAO para América Latina y el Caribe. Casilla
10095 Santiago Chile Email: Polan.Lacki@fao.org Teléfono
(562)3372205 Fax: 3372101.
Cómo enfrentar la crisis del agro: ¿Lamentando los problemas insolubles o resolviendo los
problemas solucionables? - Polan Lacki
En
la economía las soluciones rinden más que los problemas; en la política,
los problemas valen mucho más que las soluciones - Nikolai Bukharin (1888-1938), economista y
político soviético.
En
base a esta reflexión de Bukharin, pareciera que en la agricultura latinoamericana
deberíamos dedicarnos mucho más a la economía que a la política. Deberíamos
descartar de plano aquellas pseudo-soluciones utópicas que apenas contribuyen
a confundir a los agricultores
y a perpetuar los problemas del agro. Porque el agobiado sector rural
está exigiendo soluciones de verdad y que sean más perdurables en
el tiempo; es decir aquellas que, gracias a su factibilidad y realismo, puedan efectivamente ser llevadas a la práctica,
por más adversas que sean las actuales condiciones de
los productores rurales y de sus respectivos gobiernos. De poco sirve
seguir afirmando a los agricultores
que sus dificultades deberán ser resueltas por el estado a través de 1) créditos abundantes y baratos, 2) de la adquisición,
refinanciación o condonación de sus deudas, 3) de la concesión de subsidios
internos, 4) del aumento del valor del dólar, 5) de la reducción de
los impuestos y de los peajes, 6) de la protección contra la importación
de alimentos, etc.; y que además nuestros gobiernos deberán 7) exigir
la eliminación de las barreras externas y de los subsidios con los cuales
los países ricos protegen a sus agricultores.
Por
más deseadas y atractivas que sean, en el corto y mediano plazo estas
propuestas no serán llevadas a la práctica; entre otras razones porque
los endeudados y debilitados gobiernos de los países latinoamericanos, aunque quisiesen no reunirían las condiciones
económicas ni políticas para adoptarlas. En el plano interno, por insuficiencia
de recursos para mantener en el tiempo estos mecanismos perpetuadores
de dependencias; y en plano externo por no tener la fortaleza política
para impedir que los países desarrollados continúen subsidiando y protegiendo
a sus agricultores.
La
adopción de estas medidas es tan improbable que no vale la pena perder
tiempo con utopías que suelen
ser inspiradas en la ingenuidad o, peor aún, en repudiables propósitos
demagógico-electorales. Además de lo anterior, no es esta la principal
causa de la crisis del sector agropecuario, sino que las distorsiones
descritas a continuación, las que con humildad deberemos reconocer y
con competencia deberemos eliminar. Las ineficiencias del negocio agrícola: ¿contrarrestar sus consecuencias
o eliminar sus causas?
En América Latina, el camino cómodo y simplista de querer contrarrestar las consecuencias de una agricultura ineficiente, a través de artificialismos compensatorios está agotado. Ante esta situación sólo nos queda la alternativa realista de eliminar las causas más profundas de la falta de rentabilidad y de competitividad; y a través de esta medida prescindir de los subsidios que, de antemano sabemos, no serán otorgados por nuestros gobiernos. Entre estas causas, eliminables por los propios agricultores, con la única condición de que estén capacitados y organizados, están las siguientes distorsiones e ineficiencias que ocurren en las fincas y comunidades rurales:
1ª ineficiencia - bajísimos rendimientos por unidad de tierra y de animal, causados muchísimo más por la falta de conocimientos adecuados que de políticas agrícolas generosas. En América Latina los rendimientos promedio en kilogramos por hectárea son los siguientes: arroz: 3189; fréjol: 712; maíz: 3288; papas:13561; soya: 2472; trigo: 2090. En la ganadería vacuna: 4 litros de leche/vaca/día; primer parto a los 42 meses pudiendo ocurrir antes de los 28 meses; intervalo entre pariciones de 22 meses pudiendo ser de 13 meses; tasa de extracción o saca en la bovinocultura de 19%; edad de faena de los novillos superior a los 4 años; producción de 60 kilogramos de carne vacuna por hectárea y por año.
Estos bajísimos rendimientos son el claro reflejo de la ocurrencia de errores, a veces primarios, que ocurren en el proceso productivo. Para corregir muchos de ellos se requiere apenas adoptar, en forma correcta y gradualizada, tecnologías sencillas que requieren mucho más de conocimientos adecuados que de créditos abundantes, porque dependen mucho más del "cómo hacer" que de "con qué hacer". En el caso del fréjol, al dividir los 712.000 gramos por las 225.000 matas que debería tener una hectárea, se concluye que cada mata de fréjol produce aproximadamente 3 gramos lo que corresponde a una vaina con 8 o 12 granitos. Lo anterior suele ser consecuencia de que la mayoría de los plantadores de porotos 1) utilizan semillas genéticamente erosionadas y contaminadas con patógenos, no hacen test de germinación ni regulan la sembradora; 2) no siembran en la época adecuada y 3) con densidad y profundidad correctas; 4) no eliminan las malezas en el momento oportuno; 5) no hacen rotación de cultivos y 6) tienen importantes pérdidas antes y durante la cosecha. En este caso, a excepción de las semillas, todas las demás correcciones dependen apenas de que los productores sean concientizados y capacitados; es decir las correcciones dependen mucho más de insumos intelectuales que de insumos materiales. En este rubro no se puede atribuir la culpa a los subsidios otorgados por los países ricos porque ellos no exportan fréjoles subsidiados; tampoco en el caso del café, del cacao, de la yuca y de otros productos que no sufren la competencia de las tesorerías de los países ricos, y sin embargo, en ellos también tenemos problemas de falta de rentabilidad.
Si no podemos aumentar
los precios de venta tendremos que disminuir los costos de producción
y transacción.
No
estamos desconociendo que varios
países desarrollados con los cuales tenemos que competir subsidian a
sus productores, pero tampoco podemos ignorar que otra causa importantísima
de nuestra falta de competitividad es que las
vacas de ellos, producen
en promedio nacional, más de 20 litros de leche al día, que cada
hectárea de sus tierras rinde casi
8.000 kilos de trigo, 10.000 kg de maíz y hasta 49.000 kg. de
papas. Mientras nuestros gobiernos no puedan otorgar subsidios ni impedir que los
países ricos sigan haciéndolo, sólo nos queda el camino realista de
corregir nuestras propias ineficiencias; si lo hacemos, nos volveremos menos dependientes de los inexistentes subsidios
internos y menos vulnerables a los excesivos subsidios externos. Es
con este espíritu de objetividad y de pragmatismo que los agricultores
eficientes y exitosos están
sobreviviendo en el marco de la globalización y hasta sacando ventajas
de las oportunidades que ella ofrece. Ellos "están prendiendo
la lamparita en vez de seguir maldiciendo la oscuridad".
2a
ineficiencia - Las formas distorsionadas cómo los agricultores adquieren
los insumos y cómo venden sus excedentes. En ambas etapas los productores
hacen exactamente lo contrario de lo que les convendría hacer; porque
compran los insumos al por menor , con alto valor agregado y del último
eslabón de intermediación; pero cuando venden sus cosechas ocurre un
giro de 180 grados y lo hacen al por mayor, sin valor agregado y al
primer eslabón de la cadena. Ambas distorsiones son eliminables mediante
la capacitación y organización de los productores con propósitos empresariales; y no necesariamente a través de nostálgicos e ineficientes intervensionismos estatales en la comercialización.
La finca diversificada puede ser la "agencia de desarrollo"
de la familia rural.
3a
ineficiencia --La falta de diversificación productiva la que además
de volver a los agricultores muy dependientes del crédito, los expone
a innecesarios riesgos y vulnerabilidades de clima, enfermedades y mercado.
Para diversificar la producción agropecuaria se requiere mucho más de
capacitación que de complejos mecanismos de intervención estatal, cuyas frondosas burocracias suelen consumir
los escasos recursos destinados a la operación de tales mecanismos.
Si los gobiernos no están en condiciones de ofrecer crédito rural, seguro
agrícola e insumos a todos los productores, la eficiente diversificación
y verticalización de la actividad agropecuaria debería ser el "seguro
agrícola" del productor, su "agencia de crédito", su
"fábrica de algunos insumos", su "supermercado",
su "agroindustria" y la "agencia de empleos" para
todos los miembros de la familia durante los 365 días del año. La
diversificación y la gradualidad tecnológica, ya sea horizontal o vertical,
son medidas endógenas que liberan
a las familias rurales de la
dependencia de varias soluciones exógenas y
generalmente inaccesibles; muy especialmente del crédito rural
cada vez más caro y más inaccesible.
4a
ineficiencia --La ocurrencia de sobredimensionamientos y ociosidades
en inversiones
que, en las actuales circunstancias de alto endeudamiento y baja rentabilidad,
económicamente no se justifica realizarlas
en forma individual o mantenerlas subutilizadas, como por ejemplo:
tractores e implementos que trabajan pocas horas al año, tierras
ociosas o con bajísima productividad, costosos equipos e inversiones
en riego que no se traducen en altos rendimientos en virtud de graves
errores tecnológicos en la conducción de los cultivos y en las técnicas
de irrigación, juntas de bueyes que comen el año entero pero que pasan
mucho más días descansando que trabajando, animales de elevado potencial
genético cuyos bajos rendimientos son provocados principalmente por
la falta de alimentos que podrían ser producidos en las propias
fincas, inadecuada relación sementales/ hembras, etc. Hipotéticamente,
si en una comunidad existen 10 productores con 5 vacas de leche cada
uno no se justifica económicamente tener 10 sementales,10 establos,
10 máquinas de ordeño,10 picadoras de forraje,10 enfardadoras y 10 enfriadores
de leche; los bajos precios de la leche
difícilmente podrán remunerar estas altas inversiones si ellas son hechas
en forma individual. El asociativismo para lograr economía de escala,
reducir costos, incorporar valor a las cosechas, comprar y vender con
menor intermediación es el camino
más realista cuando los gobiernos no están en condiciones de otorgar
subsidios. Si en los últimos tiempos hasta los gigantes de la banca,
de las comunicaciones telefónicas, de la industria químico-farmacéutica
y agro-química están promoviendo fusiones y formando gigantescos
conglomerados, como estrategia para poder sobrevivir en el mercado,
con mayor razón deberán hacerlo los minúsculos y frágiles productores
rurales.
5a
ineficiencia --Los agricultores pobres suelen producir rubros que coincidentemente son adquiridos
por los consumidores pobres de las ciudades ( yuca, papas, maíz, habas,
fréjol, zapallo, arroz, camote, etc ). Si además de producir pequeñas
cantidades de estos rubros poco rentables, son afectados
por las distorsiones descritas en los 4 items anteriores, si hacen excesivas
aplicaciones de pesticidas y sufren innecesarias pérdidas poscosecha,
es evidente que no pueden viabilizarse económicamente. Hacer un cambio
progresivo hacia rubros de mayor densidad económica depende mucho más
de conocimientos técnico-gerenciales
que de sofisticados diseños de políticas agrícolas.
Diagnósticos equivocados y terapéuticas demagógicas están paralizando
el agro.
Luego
de hacer esta descarnada descripción de las distorsiones que, con excepciones,
desgraciadamente están generalizadas
en América Latina, se imponen algunas preguntas: ¿Serán
los agricultores los culpables de tan graves ineficiencias? o ¿Será
nuestro disfuncional sistema educativo rural que no ha desarrollado
en ellos la autoconfianza, la creatividad
y la capacidad de corregir sus ineficiencias y de solucionar
sus propios problemas?
¿Será
que es la falta de las políticas ( crediticias, arancelarias, tributarias,
cambiarias,etc ) descritas en
el primer párrafo, la principal culpable de que no logremos superar
ese arcaismo tecnológico, gerencial y organizativo? o ¿Será que falta
a las familias rurales una adecuada formación valórica y unos
conocimientos más funcionales e instrumentales, que ellos puedan aplicar y utilizar en la formulación de soluciones
más autogestionarias y consecuentemente volverse menos dependientes de dichas políticas?
¿Será que deberemos seguir priorizando infructuosas reivindicaciones dirigidas al congreso nacional, al ministerio de economía/hacienda, al banco central/agrícola/rural para pedir paliativos inaccesibles, ineficaces y perpetuadores de dependencias? o ¿Será que deberemos buscar las soluciones emancipadoras en las escuelas básicas rurales, en las escuelas agrotécnicas y en las facultades de ciencias agrarias; apoyarlas como corresponde, pero exigir de ellas una educación mucho más pragmática, objetiva, funcional, realista y práctica para que de ellas egresen agricultores y extensionistas con real capacidad de corregir las ineficiencias del negocio agrícola?
¿Será
que todos los gobiernos de los países de América Latina, los actuales
y los de las décadas pasadas son y fueron insensibles a los problemas
de los agricultores y no tuvieron voluntad política para solucionarlos?
o ¿Será que debido al modelo paternalista y a la
insuficiencia de recursos no
pueden y no pudieron ofrecer
todos los ingredientes de la "receta" perpetuadora de dependencias
a todos los agricultores siempre? Si dicha "receta" no
funcionó cuando los gobiernos tenían
más poder y más recursos ¿Cómo
va a funcionar ahora que están debilitados y endeudados?
¿Cómo
explicar que después de más
de 50 años de millonarias aplicaciones de recursos en crédito rural,
en la generación y difusión de tecnologías, en la formación de profesionales
y técnicos, en la mantención de estructuras estatales de comercialización,
en obras de riego, etc no hayamos sido capaces de incrementar estos
modestos rendimientos y de superar
las demás ineficiencias aquí analizadas? Con el agravante de que algunos
de los importantes logros alcanzados
en el agro latinoamericano ocurrieron más como consecuencia del empuje
de productores visionarios, del sector privado y de estímulos gubernamentales
"de arranque", que de los
clásicos y permanentes instrumentos perpetuadores de dependencias del
estado, como por ejemplo: la avicultura industrial, la labranza
mínima o siembra directa, la agricultura de contrato entre agricultores
e agroindustriales (con aves, cerdos, tomates, tabaco, etc ), la
fruticultura y la floricultura de exportación, el cultivo del espárrago
en el Perú, la crianza de salmones en Chile, la producción de manzanas
en el estado de Santa Catarina y la citricultura de exportación en el
estado de Sao Paulo, ambas en
Brasil, etc.
Definitivamente
el intervencionismo estatal perennizador de dependencias, desde arriba
hacia abajo, deberá ser reemplazado por el protagonismo emancipador
de los agricultores, desde abajo hacia arriba. Sin embargo lo anterior exige la acción de un estado
que, gracias a la excelencia, pragmatismo y relevancia/ pertinencia
de los contenidos curriculares de sus instituciones educativas, tenga
como principal objetivo estratégico desarrollar las potencialidades
que están latentes en cada ciudadano del campo, en cada hogar rural,
finca, comunidad, escuela básica rural, agencia de extensión, estación
experimental, alcaldía, escuela agrotécnica y facultad de ciencias agrarias.
En la construcción de la agricultura del mundo globalizado el sistema
educativo rural--los tres niveles de la educación escolarizada y los
servicios públicos y privados de extensión rural--necesitan recibir
un claro y decidido apoyo del estado, del sector privado y de la sociedad.
En contrapartida dicho sistema deberá pasar por un profunda y radical transformación
que le permita asumir el compromiso
y la responsabilidad de formar, capacitar y organizar una nueva generación
de agricultores profesionalizados, anímicamente más autoconfiantes y
técnicamente más competentes; agricultores que sean capaces de asumir
como suya una creciente responsabilidad en la corrección de sus propias
ineficiencias y de protagonizar la solución de sus problemas. Este
es el único camino posible para una América Latina cuyos gobiernos no
disponen de recursos para hacer todo por todos sus ciudadanos siempre;
entre otras razones porque están abocados a combatir en las ciudades
los efectos del subdesarrollo rural en vez de eliminar sus causas directamente
en el campo y más específicamente en las desfinanciadas, olvidadas y
abandonadas escuelas básicas rurales.
(Subrayado:
SICA)
|
Páginas Amarillas | Qué hay de nuevo? | Sus comentarios | Webs relacionados El agro en la economía | Comercio Exterior | Cadenas agroind. | Marco legal | Censo Agropecuario
|