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CULTIVOS NUEVOS, DILEMAS VIEJOS: LORI ANN THRUPP. El aumento vertiginoso del comercio mundial le está proporcionando a los consumidores norteamericanos un amplio surtido de flores, frutas y vegetales frescos traídos de América Latina y el Caribe durante todo el año. En los países de origen, la producción agroexportadora no tradicional está en auge. Tanto las agencias internacionales de desarrollo como los gobiernos mismos han venido promoviendo estos nuevos productos en la región durante la última década, con la esperanza de superar el estancamiento económico y diversificar el rango de productos agrícolas tradicionales de exportación como lo han sido el banano, el café y la caña de azúcar. Esta estrategia constituye una parte esencial de las políticas de apertura comercial y ajuste estructural. El crecimiento de las exportaciones no tradicionales ha generado impactos positivos y negativos. Entre los resultados positivos figura el hecho de que estos productos han sido muy lucrativos para los inversionistas extranjeros, para algunas empresas en los países productores y para las transnacionales de alimentos, al tiempo que satisfacen el apetito de los consumidores norteamericanos. Entre los resultados "amargos" está el hecho de que estos nuevos productos -lo mismo que los sectores agroexportadores tradicionales-conllevan costos económicos, sociales y ambientales considerables, incluyendo el uso de grandes cantidades de plaguicidas. Esto les presenta problemas, particularmente serios, a los pequeños agricultores. Si bien el "boom" agroexportador no tradicional se ha definido como "exitoso", a la luz de los indicadores macroeconómicos, una mirada más detallada revela síntomas de inquidad e insostenibilidad. El legado agroexportador La estructura agraria de América Latina y el Caribe se ha caracterizado históricamente por la inequidad en la distribución de recursos. La mayoría de la gente -especialmente las poblaciones indígenas- no se ha visto beneficiada con el crecimiento económico, al tiempo que se le ha marginalizado en tierras improductivas. En América Central, si bien las fincas de más de 40 hectáreas sólo representan el 7% de las operaciones, ocupan el 73% de la tierra destinada a la agricultura. Entre tanto, las pequeñas propiedades de menos de 2 hectáreas constituyen el 78% del número total de fincas, pero ocupan únicamente el 11% de la tierra. En algunas áreas de América Latina este dualismo se está desintegrando, pero la polaridad aún persiste en la región. En algunos países, los productos agrícolas de exportación ocupan la mayoría de las tierras de cultivo. Las empresas agroexportadoras le pertenecen en su mayor parte al capital extranjero, especialmente en América Central. Entre las características principales de la economía agroexportadora, figuran el predominio de los monocultivos en plantaciones de gran escala, el consumo de grandes cantidades de insumos químicos, la dependencia de mercados volátiles en el Norte, y la explotación intensa tanto de los recursos naturales como de la mano de obra barata. Aunque las exportaciones tradicionales han experimentado un crecimiento dinámico y una rentabilidad alta, con el tiempo estas condiciones han dejado un legado de "booms" exportadores seguidos de "porrazos" económicos. Igualmente han degradado el medio ambiente, han explotado la mano de obra y exacerbado las desigualdades socioeconómicas. A principio de los años ochenta la región experimentó una grave crisis económica. La dependencia de un número reducido de exportaciones tradicionales hizo a las economías de América Latina y el Caribe especialmente vulnerables e inestables. La caída de los precios de sus productos en los mercados mundiales, la recesión , el deterioramiento de los términos de intercambio comercial y el proteccionismo condujeron a la disminución de las ganancias económicas de la región. En respuesta a la crisis, muchos países decidieron diversificar sus economías entrando al terreno de los productos no tradicionales de alto valor. Desde la perspectiva de los gobiernos y de las agencias internacionales de desarrollo, el propósito de las políticas y programas de fomento a las Exportaciones Agrícolas No Tradicionales (EANT) es generar divisas para pagar la deuda, diversificar las economías para reducir la dependencia de las exportaciones tradicionales de poco valor, incrementar las ganancias del sector exportador y de la agroindustria, generar empleo y, en general, revitalizar el crecimiento económico. Crecimiento del sector EANT (Exportaciones Agrícolas No Tradicionales) Chile y México fueron los pioneros en el sector de las EANT. Su incursión en este terreno precedió la tendencia regional hacia la diversificación de los años ochenta y noventa. Entre 1962 y 1988, las exportaciones fruteras de Chile se expandieron 26 veces, y las ganancias del sector aumentaron de US$19.9 millones a US$473 millones (en dólares constantes de 1985). Siguiendo un modelo similar, en los años setenta las compañías transnacionales estadounidenses desarrollaron el sector de los vegetales frescos en México. A esto le siguió, hacia finales de la década, la rápida expansión de las grandes agroindustrias de la fresa y el tomate en México, cuyos productos estaban destinados a los mercados de los Estados Unidos. Recientemente, el crecimiento agrícola más notorio en América Latina lo ha experimentado el sector de cultivos de alto valor como lo son las flores, las frutas frescas y/o procesadas (en particular el mango, el melón, la piña, el maracuyá, la fresa y la mora) y los vegetales (como el brócoli, la arveja china, los espárragos, los calabacines miniatura y las alcachofas).Desde la primera mitad de los años ochenta, el crecimiento de las EANT en América Latina y el Caribe ha recibido un fuerte apoyo de las agencias crediticias internacionales, particularmente del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Por ejemplo, en el año fiscal 1992, USAID invirtió cerca de US$119 millones en el sector agroindustrial en todo el mundo; el mayor porcentaje de esta suma se dedicó a los cultivos no tradicionales. Los principales tratados comerciales, entre ellos la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, el Tratado de Libre Comercio (TLC) y el GATT también han estimulado el crecimiento de esas exportaciones mediante la creación de incentivos para la apertura comercial. La tasa de crecimiento de la industria agroexportadora no tradicional ha sido impresionante. Desde mediados hasta finales de los años ochenta, las EANT crecieron un 222% en Chile y un 349% en Costa Rica, mientras que en Guatemala el crecimiento fue del 78%. En Ecuador, el valor de las EANT aumentó 27 veces, de US$3 millones en 1984 a US$75 millons en 1994. En América Latina, las EANT todavía representan una proporción relativamente pequeña de las exportaciones totales si se las compara con los productos tradicionales. Tampoco son muchas las posibilidades de que se vayan a aproximar a los valores alcanzados por el comercio del café, el algodón, la carne de res y el banano, ni se pretende que así sea. Las ganancias netas y los rendimientos por hectárea de las EANT son sin embargo muy altos, especialmente si se les compara con los productos alimenticios tradicionales. Por ejemplo, los precios del sorgo, el maíz y el trigo en el mercado mundial durante los últimos años han oscilado entre US$75 y US$175 por tonelada métrica, mientras que muchas de las frutas y los vegetales de la categoría EANT llegan a valer US$500 o más por tonelada métrica en el mercado internacional. ¿Quién se beneficia? Los principales beneficiarios del crecimiento de las EANT son las grandes compañías, lo cual incluye a las corporaciones transnacionales, así como a los inversionistas nacionales y extranjeros. La mayoría de los cultivos requieren alta tecnología y uso intensivo de capital, dos condiciones que sólo le dan cabida a las empresas más pudientes. En América Central las corporaciones multinacionales controlan cerca del 25% de la producción total de las EANT. El fuerte de las transnacionales son las frutas y los vegetales. Por ejemplo, Del Monte en Costa Rica y Dole en Honduras colocan en el mercado casi todas las piñas que se exportan desde los países. Además de las transnacionales, otra categoría importante de empresas dedicadas a las EANT son aquellas compañías grandes y medianas en que los inversionistas extranjeros juegan un papel prominente. En Costa Rica, éstas dominan la producción de flores, plantas ornamentales, cítricos y nueces macadamia. De las 14 productoras de flores más importantes todas, a excepción de dos, son extranjeras. Los agricultores carentes de recursos tienen por lo general muchas dificultades para competir en el mercado de las EANT. En casi todos los países, estos agricultores no tienen acceso al crédito, ni al capital, ni a la información que se requieren para tener éxito en este negocio. Por lo general están poco familiarizados con los cultivos y su tecnología de producción. Conseguir entrada a los mercados es bastante difícil para los agricultores pobres en países como Chile, Ecuador, Paraguay y Costa Rica, donde los programas de promoción de las EANT le han dado muy poca atención a estos problemas. Y aún cuando los agricultores que carecen de recursos logran vincularse a la producción de EANT, por lo general sucumben a la competencia tarde o temprano. Por otro lado, los pequeños productores se han beneficiado considerablemente de las EANT en ciertos países y contextos, especialmente cuando se hallan organizados en cooperativas u otros grupos solidarios. Guatemala constituye un ejemplo único en lo que se refiere a la participación de los pequeños agricultores en la producción de EANT. En ese país, el 90% de la arveja china es cultivada por agricultores pobres en fincas de menos de una hectárea. La competitividad de los pequeños agricultores en estos cultivos se debe principalmente a los siguientes factores: requieren poca mano de obra y por lo general se valen de la familiar, la renta de la tierra no es muy alta, y los productores tienden a estar organizados en asociaciones. Pero en la mayoría de los países de América Latina los agricultores pobres no están organizados en asociaciones de productores, y si lo están, no cuentan con los recursos suficientes para competir con éxito en el sector de las EANT. Más aún, no es raro que las compañías más grandes y pudientes los saquen del mercado. Aún en Guatemala, muchos pequeños agricultores han sido incapaces de mantener un negocio rentable en el sector de las EANT cuando los precios caen y son las comercializadoras las que salen ganando. Además, la fuerza grande de la labor familiar en este sector aumentó excesivamente el trabajo que asumen las mujeres, y sacan los niños de la escuela. La inequidad en la distribución de los beneficios es uno de los problemas más serios del sector. Otro problema para los agricultores vinculados a la producción de EANT es la falta de diversificación. Si bien a nivel nacional la diversidad de EANT ha aumentado considerablemente en todos los países, por lo general los productores destinan terrenos enteros a un monocultivo. Esto implica la conversión de parcelas mixtas (con diversos cultivos de subsistencia) en parcelas dedicadas a un solo producto de exportación. Con el tiempo, esta conversión uniforme puede presentar riesgos económicos y otras desventajas. En cambio, el mantener la diversidad de los cultivos en parcelas individuales reporta beneficios seguros, entre ellos desconcentrar los riesgos, reducir la vulnerabilidad derivada de las bruscas fluctuaciones de precios, la reducción de plagas y otras enfermedades, y otras ventajas agroecológicas en materia de suelos y nutrientes. En toda América Latina y el Caribe, una gran proporción de los trabajadores del sector de cultivos de exportación no tradicionales son mujeres (tanto en producción como en procesamiento). Esta tendencia a la feminización del trabajo asalariado en las áreas rurales es un cambio que ha acompañado la globalización de los sistemas alimentarios. Si bien es cierto que tradicionalmente las mujeres han participado activamente en la agricultura de subsistencia, la industria agroexportadora le ofrece cada vez más trabajo asalariado a la mujer. Por ejemplo, en Ecuador en 1991, se estimó que el 69% de quienes laboran en cultivos no tradicionales de exportación eran mujeres. En muchos casos, los administradores prefieren emplear mujeres porque a éstas se les pagan salarios más bajos que a los hombres por tareas equivalentes, trabajan más horas sin que por lo general se les compense por ellas, muy raramente se les dan ascensos y casi nunca están cobijadas por la legislación laboral. Más plaguicidas, más problemas La producción de EANT también se ha caracterizado por el uso excesivo de plaguicidas y otros insumos químicos. Los estudios sobre el tema muestran reiteradamente que en estos cultivos no tradicionales de más valor el uso de toda clase de plaguicidas -incluyendo funguicidas, insecticidas, nematicidas y herbicidas- es más intensivo que en los otros. En los EANT, las dosis de plaguicidas por unidad de tierra exceden a las que se aplican en cultivos de subsistencia y en los destinados al consumo local, mientras que son similares o superiores por hectárea a las de otros cultivos de exportación como lo son la caña de azúcar y el banano. En el sector de las EANT, las cantidades de plaguicidas aplicadas son particularmente altas, en los casos de las frutas frescas perecederas, los vegetales y las flores. Aunque los plaguicidas pueden traer (o resultar en) beneficios en el corto plazo en cuanto al control de plagas, el uso excesivo de los mismos tiene varios impactos adversos. En primer lugar los plaguicidas son costosos. Se estima que en las plantaciones de rosas en Ecuador, un 35% en promedio de los costos de operaciones se gastaron en agroquímicos en un año. De este total, el 85% fue para insecticidas y funguicidas. Estudios conducidos en Guatemala también han documentado los altos costos directos de los plaguicidas. El Consortium for International Crop Protection encontró que para finales de los años ochenta, los costos de los plaguicidas aplicados a los cultivos de melón habían oscilado entre US$735 y US$2.206 por hectárea, mientras que los de arveja china habían superado esta última cifra. De acuerdo con ese estudio, los costos de adquirir los plaguicidas y aplicarlos, más la asistencia técnica requerida por ese concepto para los vegetales del sector EANT, representó el 22,5% de los costos totales de producción. Un estudio reciente sobre el uso de plaguicidas en los cultivos de arvejachina en las montañas de Guatemala, indica que todavía se está utilizando una cantidad excesiva de plaguicidas, los cuales en la actualidad representan entre el 30% y el 35% de los insumos de producción. Otro estudio reciente mostró que la arveja china conlleva costos mayores por hectárea por concepto de plaguicidas que el algodón o el banano, los cuales anteriormente consumían el índice más alto de plaguicidas por unidad de tierra. En segundo lugar, cuando se fumiga en exceso, o cuando las aplicaciones se realizan la víspera de la cosecha, los residuos acumulados en los productos por lo general exceden las normas establecidas por los gobiernos de los países importadores. Las detenciones y embargos de productos originados en los niveles de residuos de plaguicidas han constituido uno de los mayores problemas para las EANT provenientes de América Latina y el Caribe en los Estados Unidos. Durante la última década se han producido más de 14.000 embargos en los puertos de entrada a los EE.UU, por un valor cercano a los US$95 millones en productos importados.
Todas estas infracciones han representado pérdidas millonarias para productores e importadores. Los embargos más serios y frecuentes relacionados con los niveles de residuos de plaguicidas han ocurrido con productos provenientes de Guatemala y México. La tasa de embargo de los EANT guatemaltecos durante los años ochenta, fue del 27,3% con respecto al total de envíos realizados. Entre 1990 y 1994, las exportaciones guatemaltecas fueron detenidas 3.081 veces a causa de infracciones relacionadas con residuos, lo cual reportó pérdidas por la suma de US$17.7 millones. Por su parte, las exportaciones mexicanas de estos productos fueron embargadas 6.223 veces en los años ochenta, lo cual produjo pérdidas por US$49.5 millones. En los años noventa ocurrieron 1.391 embargos, lo cual representó pérdidas por US$45.9 millones. En el caso de México, el problema de residuos excesivos se presentó principalmente con los pimentones, las fresas y los mangos, en los cuales se hallaron trazas de metamidofos, un producto tóxico que constituye una seria amenaza para la salud. Las exportaciones del sector EANT de la República Dominicana también han tenido el mismo problema. En 1987 y 1988, los embarques de EANT con niveles ilegales de residuos provenientes de esa isla fueron muy superiores a los de otros países: 12,2% de las muestras extraídas de los cargamentos violaban las normas fijadas por el gobierno de los EEUU. En 1992, la República Dominicana sufrió pérdidas por US$2.5 millones por infracciones relacionadas con los niveles de residuos. Estos problemas fueron particularmente graves en los vegetales orientales: en 1988, en un solo mes, varios productores reportaron haber tenido pérdidas de cientos de miles de dólares relacionadas con residuos. Posteriormente la FDA impuso embargos automáticos para cinco clases de vegetales, exigiendo que los exportadores pagaran la suma adicional de US$400 por cada embarque de productos sometido a prueba en los Estados Unidos. Más plaguicidas, más plagas Otro de los impactos negativos relacionado con el uso contínuo de plaguicidas en todos los cultivos, es la resistencia que las plagasdesarrollan a estos agroquímicos. Con el tiempo, la selección genética permite que las plagas desarrollen tolerancia a los efectos de los plaguicidas. A medida que éstos pierden su efecto, se comienzan a generar pérdidas económicas y los productorescaen en la trampa de aumentar las cantidades utilizadas en su esfuerzo por mantener las plagas bajo control. La resistencia a los plaguicidas a veces trae consigo la muerte de los enemigos naturales de las plagas, lo cual produce un brote de plagas secundarias. El "círculo vicioso" de los plaguicidas ha afectado negativamente muchos productos agrícolas tradicionales de exportación en América Latina, ocasionando pérdidas enormes de cultivos. El uso excesivo de plaguicidas en las EANT ha contribuido a la resurgencia de las moscas blancas en América Latina y el Caribe, lo cual ha alcanzado proporciones críticas en algunas áreas. Las "moscas blancas" resistentes a los plaguicidas son también transmisoras de virus, lo cual le ha causado grandes daños a las plantaciones de EANT en Chile, Brasil y Argentina. Más de un millón de hectáreas de tierras de cultivo han sido abandonadas en América Latina, a causa de los virus transmitidos por la mosca blanca. En Honduras, un brote de esta plaga resistente a los agroquímicos y minadores cosechas de melón en un 45%-56% en la región de Choluteca. Algunos agricultores perdieron toda su cosecha, lo cual fue particularmente devastador para los pequeños productores, quienes por lo general se vieron imposibilitados de seguir compitiendo. Los especialistas indicaron que la fumigación frecuente con plaguicidas así como las indicaciones sobre su uso que generalmente dispensan los vendedores de estos productos, fueron los principales responsables del problema. El uso de plaguicidas también representa riesgos para la salud de los trabajadores. Cada vez es mayor el número de personas que se hallan expuestas a los plaguicidas y sufren sus consecuencias. Muchos padecen de envenenamiento agudo y efectos crónicos. La mayoría de las víctimas son trabajadores agrícolas, es decir, los más pobres de quienes participan en la producción de EANT. En un sondeo reciente conducido entre los trabajadores del sector EANT en Ecuador, el 62% de los entrevistados respondieron que habían tenido problemas de salud relacionados con su trabajo por causa de los plaguicidas. Los peligros para la salud son particularmente graves en la producción de flores, sobre todo en Colombia y Ecuador. En parte porque los nematicidas tóxicos, tales como el aldicarb y los fenamifos, se usan en exceso. Si bien el uso del aldicarb fue prohibido en el Ecuador a finales de 1991, se continuó usando hasta 1993 debido a que los productores de flores asignan más valor a la eficacia de este producto que a la seguridad de sus trabajadores. Además, los administradores de los cultivos de flores, por lo general, permiten que quienes no usan implementos de protección desempeñen sus labores cerca a quienes están aplicando agroquímicos.Otros impactos El crecimiento de las EANT ha implicado necesariamente una serie de cambios en el uso de los recursos naturales, especialmente delsuelo, la vegetación y el agua. Las evaluaciones preliminares sugieren que se han tumbado áreas significativas de bosques en elnorte de Costa Rica para reemplazarlas por cultivos de cítricos. Lo mismo ha ocurrido en el valle central de Chile, donde se le ha dado paso a los cultivos de flores y vegetales. Pero tal vez el cambio agroecológico más significativo introducido por las EANT, tiene que ver con la conversión de plantíos mixtos a sistemas agrícolas de monocultivo y a variedades extranjeras estandarizadas y de linaje genético uniforme, tal y como lo exigen los mercados del Norte. Este cambio por lo general acaba con la diversidad genética de las variedades autóctonas y exacerba otros riesgos económicos y agroecológicos. En la actualidad, los servicios técnicos para las EANT dependen principalmente de la ayuda extranjera, la cual está disminuyendo. Más aún, aunque algunos estudios de mercado sugieren que la demanda de los EANT por parte de los países del Norte aumentará, es posible que el mercado no se expanda lo suficiente como para absorber una oferta cada vez mayor. Y como muchos de éstos son productos alimenticios de lujo sujetos a los dictados de la "moda" y por lo tanto inestables, es posible que la recesión en el Norte, así como los cambios en los gustos de los consumidores, reduzcan la demanda y como consecuencia las oportunidades de comercialización. Debido a estas incertidumbres, algunos analistas predicen que el crecimiento que en la actualidad rodea a las EANT pronto desaparecerá. Por último, aunque no por ello menos importante, está el fenómeno señalado por muchos analistas y numerosos agricultores, y es que el crecimiento de las EANT y los cambios en el uso de la tierra que ésto ha generado, reducen la disponibilidad de alimentos a nivel local, socavando por lo tanto la seguridad alimentaria tanto en ese nivel como en el nacional. En casi todos los países, los cambios introducidos en la política fiscal para estimular el crecimiento del sector de las EANT, han conducido a la reducción de la financiación disponible para estimular la producción local de alimentos. Asimismo, varios analistas han hecho notar que el incremento de las inversiones en el desarrollo orientado hacia la exportación por parte de las agencias internacionales ha ocurrido a expensas de la atención que se le debe prestar a las necesidades alimentarias domésticas. Se ha notado dramáticamente este fenómeno en la Sabana de Bogotá, por ejemplo, donde antes la "canasta básica" de granos para la región ahora esta llena con flores. (Un ejemplo claro de este fenómeno es en la Sabana de Bogotá, la que antes fue la "canasta básica" de alimentos para la región, actualmente esta dominada por cultivos de flores para la exportación.) Hacia la sustentabilidad Cuando se consideran los aspectos "amargos" de las EANT, es decir, sus "éxito" de la estrategia de desarrollo basada en el fomento de este sector. Su expansión está repitiendo los aspectos nefastos que han caracterizado los "booms" agroexportadores del pasado, así como sus riesgos, a medida que las políticas "aperturistas" ganan influencia. Entre tanto, la producción de alimentos en América Latina se estanca, y el hambre y la inseguridad alimentaria continúan aumentando entre la mayoría de los habitantes del campo. Es necesario propiciar cambios a todo nivel en las políticas y prácticas que apuntan al crecimiento agroexportador, con el fin de evitar los problemas y aumentar los beneficios que pueda reportar el sector. Los gobiernos, las instituciones no gubernamentales, las agencias de desarrollo, la empresa privada, los consumidores y los trabajadores del sector deben participar en el proceso que genere los cambios necesarios en favor de un desarrollo agrícola equitativo y sostenible. Una de las principales recomendaciones tiene que ver con la incorporación integral de incentivos y reglamentos ambientales, así como de las necesidades de los pobres en el diseño de políticas económicas y agrícolas, y en los acuerdos comerciales. Las fuerzas del mercado por sí mismas no pueden generar sustentabilidad. En consecuencia, será necesario rediseñar los programas con el fin de ampliar equitativamente las oportunidades de los productores más pobres y eliminar los incentivos al uso de plaguicidas que conducen a la degradación del medio ambiente. Los productores, las ONG y los proveedores de agroquímicos, así como los organismos gubernamentales y las agencias de desarrollo tendrán que hacer otras reformas. Entre ellas figuran el desarrollo de métodos de producción sostenibles y la promoción de cultivos autóctonos con un alto potencial de comercialización.Estos sectores también deben esforzarse por fortalecer a las organizaciones locales de cultivadores y los servicios técnicos a su disposición, con el fin de ampliar las oportunidades económicas y la capacidad de negociación de los pobres del campo. Entre las opciones promisorias tenemos la expansión del mercado de productos orgánicospara la exportación, la cual ofrece oportunidades para pequeños productores y para empresarios comercializadores. La producción orgánica puede evitar los problemas ambientales por el uso de agroquímicos, e integrar más diversidad en los agroecosistemas, considerando que la tecnología es más conocida para los productores de pequeña escala. Existen casos exitosos de cultivos orgánicos, como el café orgánico en Mesoamérica y el cacao orgánico de Bolivia, producidos por cooperativas de campesinos. Estos son ejemplos que se deben duplicar. Por lo tanto, el fomento de la producción orgánica es recomendable para desarrollar actividades mas sostenibles y equitativas. Más importante aún será enfrentar las causas que subyacen a las injustas estructuras agrarias que prevalecen en América Latina, así como las presiones ejercidas por las agencias internacionales de desarrollo. Será necesario balancear las políticas y prácticas económicas dominantes orientadas hacia el crecimiento agroexportador acelerado con beneficios de corto plazo, con aquéllas dirigidas a asegurar una producción ambientalmente sana, un desarrollo sensible a las necesidades sociales de los pobres, así como la potenciación de los sectores menos favorecidos. Este tipo de cambios se justifican no sólo por razones morales y éticas, sino también porque van a contribuir a las metas económicas nacionales y a la estabilidad política de toda la región. _____________________ El presente artículo está basado en un escrito publicado originalmente en NACLA Report on the Americas. |
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