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RENTABILIDAD EN LA AGRICULTURA:
¿con más subsidios o con más profesionalismo?
Colaboración
de Polan Lacki - Oficial Principal en Educación y Extensión Agrícola de la FAO
para América Latina y el Caribe. Casilla
10095 Santiago Chile.
Email:
Polan.Lacki@fao.org
Teléfono
(562)3372205 Fax: 3372101.
La información, denominaciones y puntos
de vista que aparecen en este libro son de la exclusiva responsabilidad de su
autor y no constituyen la expresión de ningún tipo de opinión de parte de la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación con
respecto a la situación legal de cualquier país, territorio, ciudad o área o
de sus autoridades, o en lo concerniente a la delimitación de sus fronteras o límites
PRESENTACIÓN
Los países de América Latina están teniendo crecientes dificultades para
conceder subsidios y adoptar medidas proteccionistas en favor de sus
agricultores.
Ante tal escenario, agricultura rentable y competitiva inexorablemente tendrá
que ser sinónimo y consecuencia de agricultura muy eficiente, en los aspectos
tecnológicos, gerenciales y organizativos.
Además, debido a la insuficiencia y al alto costo del crédito rural oficial,
los agricultores tendrán que priorizar el incremento de la productividad o
rendimiento de los escasos factores de producción que ellos ya poseen, antes de
intentar obtenerlos en mayor cantidad.
Lo anterior significa que en los proyectos de desarrollo agropecuario será
necesario poner más énfasis en los conocimientos que en los recursos
materiales; más en el saber que en el tener; más en el Cómo hacer" que
en el "con qué hacer". Esto a su vez requiere concentrar los escasos
recursos de los Gobiernos en la profesionalización de los agricultores con el
propósito de desarrollar su capacidad de solucionar sus propios problemas,
emancipándolos, hasta donde sea posible, de los cada vez más escasos e
inaccesibles créditos, subsidios y medidas proteccionistas.
Severino de Melo Araujo
Subdirector General
Representante Regional para América Latina y el Caribe
RENTABILIDAD
EN LA AGRICULTURA:
¿con más subsidios o con más profesionalismo?
La agricultura
latinoamericana está sometida a una profunda contradicción: a) por un lado,
tiene la urgente necesidad de modernizarse porque si no lo hace sencillamente no
podrá enfrentar la fuertemente subsidiada agricultura de los países
desarrollados; y b) por otro lado, los gobiernos de esta Región, además de no
subsidiar y no adoptar medidas proteccionistas en favor de sus agricultores, están
reduciendo exactamente aquellos recursos y servicios con los cuales
tradicionalmente se ha intentado hacer esta imprescindible modernización.
Desgraciadamente, existen evidencias de que nuestros agricultores tendrán que
seguir enfrentando esta injusta contradicción, por las siguientes razones:
1 . A pesar de los avances logrados en la Ronda Uruguay del GATT, lo más
probable es que los países desarrollados seguirán subsidiando y/o protegiendo
a sus agricultores, ya sea a través de barreras arancelarias o no arancelarias
(sanitarias, ambientales, etc.), entre otras razones porque les conviene y
disponen de recursos para hacerlo, con el agravante de que los países en
desarrollo no tienen el suficiente poder político para impedir que lo hagan.
2. La adversa pero indesmentible realidad es que los gobiernos de los países
latinoamericanos, aunque quisiesen subsidiar a sus productores, no dispondrían
de los recursos en la cantidad que sería necesaria para contrarrestar los
subsidios que otorgan los países desarrollados' (Sólo en 1992, los países
desarrollados concedieron a sus agricultores subsidios por el monto de U$
356.000 millones de dólares; para efectos comparativos es interesante mencionar
que en ese mismo año el monto de la deuda externa de los 33 países de América
Latina y el Caribe era aproximadamente 418.000 millones de dólares.).
Aunque quisiesen adoptar medidas proteccionistas (como por ejemplo: prohibir la
importación de rubros producidos en el país o elevar sus aranceles de
importación) nuestros gobiernos encontrarían serias dificultades para hacerlo
por la siguiente razón: dichas medidas beneficiarían a una minoría de
habitantes (apenas aquellos agricultores que producen el rubro protegido) pero
perjudicarían a la gran y creciente mayoría nacional constituida por los
consumidores, quienes tendrían que pagar un precio más alto por el producto
protegido. A modo de ejemplo, en Brasil existen 6 millones de personas dedicadas
a la producción lechera (1.200.000 familias) pero son 159 millones los brasileños
que necesitan tomar leche y muchos de ellos sólo podrán hacerlo en la medida
que se logre disminuir su precio. Si hacemos comparaciones similares con otros
productos agrícolas en distintos países de América Latina concluiremos que el
enfrentamiento de intereses entre los mayoritarios consumidores y los
minoritarios agricultores -estemos o no de acuerdo con ello- será cada vez más
desfavorable a estos últimos.
Los conocimientos emancipan a los agricultores de las dependencias, los
subsidios las perpetúan
Ante un escenario tan desalentador, solicitar a los gobiernos que contrarresten
las distorsiones del negocio agrícola (Distorsiones que ocurren dentro y fuera
de las fincas, antes, durante y después de la etapa de producción propiamente
tal, y que son cometidas no apenas por los agricultores y sus obreros , sino
también por los fabricantes y distribuidores de insumos y por los compradores,
procesadores y comercializadores de los excedentes agrícolas.) por la vía
simplista y cómoda del proteccionismo y de los subsidios -por mejores que sean
las intenciones de quienes lo hagan- es un planteamiento que además de utópico
es altamente perjudicial a los agricultores porque los induce a reivindicar al
Estado lo que éste no está en condiciones de proporcionarles, en
circunstancias que los productores deberían dedicar todo su tiempo y esfuerzo
en forma mucho más objetiva y fructífera a:
a) Identificar las ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas (Por
falta de organización , los agricultores : i) compran los insumos con alto
valor agregado, al por menor y del último eslabón de una larga cadena de
intermediación ; y ii) venden sus excedentes sin incorporarles valor, al por
mayor y al primer eslabón de la referida cadena. Es decir , hacen en ambas
etapas exactemante lo contrario de lo que deberían y les convendría hacer,
incrementando innecesariamente sus costos de transacción, que suelen ocurrir
en los distintos eslabones del negocio agrícola, porque son éstas
evidentemente las causas más importantes que les están impidiendo tener
rentabilidad y competitividad; y
b) Asumir como suya la tarea de eliminar dichas ineficiencias porque esta es la
alternativa más realista para que puedan prescindir de los subsidios y de las
medidas proteccionistas.
Ante la progresiva insuficiencia de recursos fiscales, el conceder subsidios sería
probablemente una de las soluciones más inadecuadas. Estos además de estimular
la ineficiencia tienen el inconveniente de perpetuar la dependencia que los
agricultores tienen del Estado porque no es suficiente concedérselos una única
vez sino que hay que hacerlo en forma recurrente a cada año o ciclo de cultivo;
en circunstancias que lo más lógico y razonable sería hacer exactamente lo
contrario, es decir, promover la eficiencia de los agricultores para
emanciparlos lo más rápido posible de la referida dependencia.
El escenario actual nos indica que existen muchos motivos para que los
agricultores no sigan depositando demasiadas esperanzas de que su viabilidad
económica será lograda a través de abundantes créditos subvencionados,
refinanciación de deudas, subsidios, tasas arancelarias compensatorias o
elevación del valor del dólar, entre otras razones, porque es virtualmente
imposible que el poder público satisfaga estos reclamos en favor de un
porcentaje significativo de agricultores. No necesariamente porque los gobiernos
no quieran sino porque no tienen recursos, continuidad administrativa ni
agilidad operativa o porque no conviene (al interés nacional en su globalidad)
hacerlo.
Es
necesario decírselo con esta transparencia, porque de lo contrario los
agricultores:
 | Seguirán pensando que el poder público no los atiende en sus reivindicaciones
por desprecio a ellos o por indiferencia a la agricultura; |
 | Seguirán siendo víctimas
de inescrupulosos manejos demagógicos de los malos líderes rurales y políticos,
quienes en el afán de conquistar sus simpatías y sus votos los ilusionan con
utopías que ellos núsmos saben que son inalcanzables.
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Una
terrible disyuntiva: agricultor muy eficiente o ex-agricultor
Estas nefastas utopías populistas deberán ser reemplazadas por
planteamientos
realistas y honestos que partan por reconocer que ante el adverso escenario recién
descrito, agricultura rentable y competitiva inexorablemente tendrá que ser sinónimo
y consecuencia de agricultura muy eficiente; y que para lograrla la única
solución factible es proporcionar a las familias rurales las tecnologías y la
capacitación para que sepan y puedan corregir o eliminar las graves
distorsiones técnico-productivas, de gestión predial, de procesamiento, de
almacenaje y de comercialización; porque son ellas, y no necesariamente la
falta de subsidios las que están impidiendo que la agricultura sea una
actividad rentable y competitiva. Mientras las referidas distorsiones no sean
eliminadas, los cada vez más remotos artificialismos paternalistas seguirán
siendo insuficientes e ineficaces. Estas distorsiones provocadas por la falta de
conocimientos, cuya importancia los productores suelen subestimar generalmente
les causan muchísimo más daño económico que la falta de créditos, subsidios
y proteccionismo que ellos insisten en sobrestimar. Afortunadamente los
agricultores más realistas ya se están dando cuenta que para tener
rentabilidad y competitividad es indispensable que reúnan simultáneamente los
siguientes prerrequisitos:
 | Mejorar
la calidad de los productos cosechados; |
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Reducir al mínimo los costos unitarios de producción (a través de la
disminución del costo de los factores y del incremento de los rendimientos por
unidad de tierra y de animal); y |
 | Aumentar al máximo los ingresos obtenidos en la venta de sus excedentes (a
través de la disminución de las pérdidas durante y después de la cosecha, de
la incorporación de valor agregado y de la eliminación de aquellos eslabones
de intermediación que son reconocidamente innecesarios).
|
Estos antecedentes significan que, si los gobiernos no están en condiciones de
conceder subsidios y adoptar medidas proteccionistas para contrarrestar las
consecuencias de una agricultura ineficiente (dentro y fuera de las fincas),
deberían como mínimo proporcionar a los agricultores los conocimientos y las
habilidades que ellos necesitan para eliminar las causas que originan dichas
ineficiencias.
Aunque en América Latina existan muchos honrosos y loables ejemplos de
productores muy eficientes, desgraciadamente es necesario reconocer que la mayoría
de los agricultores (no por su culpa evidentemente y a veces sin siquiera darse
cuenta) comete algunos, varios o muchos errores en las distintas etapas del
negocio agrícola (En el acceso a los factores de producción, en la utilización
de los recursos disponibles, en la selección y combinación de cultivos y
crianzas, en la administración de las fincas, en la aplicación de las tecnologías,
en la cosecha y en el almacenaje, en el procesamiento y comercialización de los
excedentes.) y esta es la principal razón por la cual no tienen rentabilidad y
competitividad. Desgraciadamente, los rendinúentos promedio de la agricultura y
ganadería latinoamericana son tan bajos que por sí solos demuestran en fortna
categórica e indesmentible que:
a) los errores cometidos por la mayoría de los agricultores y/o de sus obreros
son primarios (Como por ejemplo: no llevar los registros mínimos indispensables
para mejorar la administración predial; sembrar fuera de época y con densidad
inadecuada; no diversificar los rubros productivos; no hacer rotaciones con
leguminosas o no inocularlas; no incorporar materia orgánica al suelo; no
sembrar en nivel, desperdiciar el estiércol, quemar los rastrojos; no hacer análisis
del suelo; no hacer test de germinación; no regular la sembradora, retrasar la
eliminación de las malezas; no cosechar en el momento oportuno y no regular la
cosechadora; no adoptar medidas básicas de prevención contra las enfermedades
y parasitosis de los animales, como por ejemplo: vacunarlos y desparasitarlos,
asegurarles el calostro en la primera hora de vida, higienizar a las hembras y
las instalaciones antes del parto, proteger contra la intemperie y desinfectar
el ombligo de los recién nacidos, etc., alimentar adecuadamente a los animales
en base a componentes que podrían ser autoproducidos en sus propias fincas,
lavar sus manos y las tetas de las vacas antes del ordeño, etc.) y son
provocados principalmente por la falta de conocimientos elementales; es fácil
constatar que la corrección de los errores recién descritos no necesariamente
requiere de créditos, insumos y equipos de alto costo; y
b) estos errores podrían ser elinúnados si el Estado, directamente o en forma
delegada, les proporcionase tan solamente la capacitación y las tecnologías
que ellos necesitan para adoptar en forma correcta las ocho medidas propuestas
en este texto; las que, dicho sea de paso, no requieren
de recursos adicionales sino que de tecnologías de bajo o cero costo para que
sean compatibles con los recursos que ellos ya poseen.
Si estos bajísimos rendimientos (En América Latina una hectárea de tierra
produce en promedio apenas: 1.677 kg de trigo, 2.207 kg de maíz, 2.343 kg de
sorgo, 782 kg de frejol, 9.790 kg de yuca, 12.808 kg de papas; una vaca produce
en promedio apenas 1.268 lts de leche al año, tiene su primer ternero a los 42
meses de vida pudiendo tenerlo antes de los 28 meses y el intervalo entre partos
es de 24 meses pudiendo serlo de 12 o 13 meses; un novillo lleva un promedio de
54 meses para alcanzar el peso de abate, pudiendo llegar a dicho peso antes de
30 meses) demuestran que las ineficiencias productivas ocurren fundamentalmente
por la falta de conocimientos, habilidades y destrezas, el camino lógico es
corregirlas con tecnologías y capacitación y no contrarrestarlas con subsidios
y medidas proteccionistas; porque mientras persistan dichos errores, los
rendimientos seguirán siendo muy bajos y consecuentemente los costos unitarios
de producción serán tan elevados que aunque existieran subsidios, éstos no
serían suficientes para hacer de esta agricultura ineficiente una actividad
rentable y competitiva. Este es indiscutiblemente el problema de fondo, el que
debido a su contundencia y evidencia nadie tiene el derecho de seguir ignorando.
Eficiencia: si no
se puede lograrla con más recursos es necesario hacerlo con mejores
conocimientos
Además de reconocer lo imprescindible de tecnificar sus cultivos y crianzas los
agricultores están siendo obligados a enfrentar la siguiente restricción
adicional: existe cada vez menos crédito rural oficial y éste es cada vez
menos subsidiario. Ello significa la necesidad de capacitar a los agricultores
para que sepan utilizar los factores de producción, propios o adquiridos, en
forma mucho más parsimonioso y eficiente, proporcionándoles las condiciones más
favorables para que cada unidad de fertilizante, maquinaria, animal o tierra
pueda expresar todas sus potencialidades y de esta forma produzca una mayor
cantidad de producto. La prioridad deberá consistir en optimizar la
productividad o rendimiento de cada factor de producción ya existente antes de
adquirirlo en mayor cantidad; a modo de ejemplo, reducir de 24 meses (promedio
latinoamericano) a 12 meses el intervalo entre partos, en vez (o antes) de
duplicar innecesariamente el número de vacas. En el mundo moderno los insumos
intelectuales y las tecnologías de proceso deberán, según las circunstancias,
preceder, potenciar o reemplazar los insumos materiales y las tecnologías de
producto (La factibilidad técnica y económica de todas las proposiciones de
este texto, inclusive la de hacer una agricultura menos dependiente de crédito,
equipos modernos, subsidios y proteccionismo está ampliamente demostrada en el
documento "Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del
agricultor". Los interesados podrán encontrarlo en la sección
"publicaciones" de la siguiente página Web: http://www.rlc.fao.org)
En resumen, el modelo "exogenista" a través d el cual, durante décadas,
se ha intentado viabilizar económicamente a los agricultores está en acelerado
proceso de agotamiento. Los gobiernos no están en condiciones de hacerlo por la
vía artificial de los subsidios, tasas arancelarias compensatorias, valor
artificial del dólar, etc.; tampoco pueden modernizar la agricultura
exclusivamente a través del modelo convencional porque no están en condiciones
de proporcionar a la totalidad de los productores todos los factores clásicos
de modernización que dicho modelo exige (crédito, fertilizantes, pesticidas,
raciones industrializadas, semillas híbridas, maquinaria, etc.).
Sin embargo, a pesar de todas sus restricciones, los gobiernos no pueden
olvidarse que la grandeza de la mayoría de los países de la Región fue
construida gracias a las generosas transferencias de riquezas producidas por la
agricultura y por los agricultores; por neoliberales que sean, los gobiernos no
pueden desobligarse de su indeclinable deber de proporcionarles como mínimo una
excelente formación y capacitación ya que ellos son la única alternativa que
permitirá a las familias rurales alcanzar una vida digna en el campo, a pesar
del insuficiente apoyo estatal; es fundamental que ellas logren alcanzarla en el
campo, entre muchas otras razones porque ni los gobiernos ni el sector
urbano-industrial tienen la más remota posibilidad de absorberlos en
condiciones decorosas en las ciudades (Existen investigaciones que indican que
generar un empleo urbano cuesta seis veces más que hacerlo en la zona rural;
otros estudios informan que mantener a una familia en una ciudad grande cuesta
al poder público 22 veces más caro que hacerlo en el campo. Entonces, si en la
actualidad los gobiernos, supuestamente por falta de recursos financieros, no
consiguen solucionar los problemas de las familias rurales en el campo ¿cómo
podrán hacerlo en las ciudades si ello cuesta 6 o 22 veces más caro?) en las
cuales una peligrosísima bomba de tiempo está siendo silenciosa pero rápidamente
armada a partir de las gravísimas y casi inmanejables consecuencias del éxodo
rural.
¿Mendigar
paliativos perpetuadores de dependencias o exigir instrumentos emancipadores de
ellas?
Existe
una evidente desproporción entre las múltiples y urgentes necesidades de
millones de familias rurales y las limitadas posibilidades de los gobiernos en
satisfacerlas. Este adverso desbalance exige que los escasos recursos del Estado
sean destinados prioritariamente a la formación y capacitación de los
productores y obreros rurales, de modo que sepan contrarrestar, vía incremento
de la productividad o rendimiento, dicha insuficiencia de recursos. Sólo a través
de un fuerte componente educativo los gobiernos podrán impulsar un modelo más
endógeno, más autogestionario, más autosustentado, de modo que los
agricultores puedan desarrollarse con menor dependencia de los recursos y
servicios oficiales, los que debido a su marcada insuficiencia el Estado no está
en condiciones de proporcionarles; es decir, a través de una estrategia
esencialmente educativa, el poder público debería adoptar un modelo
emancipador de dependencias en reemplazo al añejo y agotado modelo perpetuador
de ellas (Se aclara que menor dependencia no significa desvincular a los
agricultores de los mercados y de las modernas cadenas agroalimentarias pero sí
eliminar en forma progresiva aquellas dependencias que son realmente
innecesarias, prescindibles y hasta dañinas a sus intereses; los agricultores
deberán agruparse para que además de encargarse de la etapa de producción
propiamente tal puedan hacerse cargo y en forma gradual ir transformándose en
propietarios de otros eslabones del negocio agrícola, como por ejemplo la
autoproducción de algunos insumos y el procesamiento agroindustrial y la
comercialización de sus excedentes.). Para que la equidad no siga siendo una
insultante retórica es necesario que los proyectos de desarrollo financiados
con los escasos recursos fiscales sean simultáneamente de menor costo,
perdurables en el tiempo (que no sea necesario repetir sus actividades cada año)
y replicables en el espacio (que gracias a sus evidentes bondades se difundan a
otros agricultores en forma más espontánea). Será posible hacerlo en la
medida en que los referidos proyectos tengan un fuerte componente de educación
instrumental, es decir, una educación cuyo propósito central sea proporcionar
a las familias rurales los conocimientos necesarios para que ellas mismas puedan
solucionar sus problemas.
El agotamiento del referido modelo exogenista recomienda que los agricultores
no sigan perdiendo inútilmente su tiempo en la humillante actitud de mendigar
medidas perpetuadoras de dependencias del retórico paternalismo estatal y que
dediquen este tiempo a la actitud digna de exigir que los gobiernos les
proporcionen los instrumentos emancipadores (estímulo a la organización,
tecnologías, formación y capacitación) para que ellos mismos puedan corregir
las distorsiones mencionadas en las notas al pie de página N° 3, 4 y 5, y
gracias a ello consigan independizarse del referido paternalismo.
Es por todas estas razones que los agricultores deberán actualizar sus pautas
de reivindicaciones, reemplazando los pedidos utópicos por otros que sean
realmente factibles de ser proporcionados por el Estado : ellos necesitan darse
cuenta que la solución de sus problemas no siempre ni necesariamente está en
el Congreso Nacional, Ministerio de Hacienda o Banco Central donde ellos buscan,
generalmente sin éxito, viabilizarse económicamente a través de leyes agrícolas,
decisiones políticas, nuevos créditos, refinanciación de deudas, subsidios y
medidas proteccionistas. No porque dichas instituciones no quieran hacerlo o
porque estos instrumentos clásicos no sean deseables, sino porque:
a) las principales causas de la falta de rentabilidad son debidas a las
ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas cuya corrección exige
una idoneidad técnica que las referidas instituciones no poseen; y
b) estas instituciones tampoco disponen de los recursos en la cantidad
suficiente para contrarrestar con subsidios las consecuencias de las
ineficiencias mencionadas en el punto anterior.
Los líderes rurales más lúcidos ya se están percatando de que los
principales problemas de sus representados no necesariamente son provocados por
la inadecuación de las políticas crediticias, impositivas, arancelarias o
cambiarias, sino que en muchos casos son debidos a distorsiones tecnológicas,
gerenciales y organizativas; y que en tales casos sus soluciones tienen que ser
formuladas y ejecutadas principalmente por instituciones y personas que tengan
el cometido y la idoneidad técnica para solucionarlos por la vía tecnológica,
gerencial y organizativa. Debido a ello, los agricultores deberán buscar la
solución a sus problemas también y especialmente en las facultades y escuelas
agrícolas de nivel medio, en los organismos de investigación agrícola, en los
servicios de extensión rural y en las escuelas básicas rurales, porque son
ellas las que producen y difunden el factor conocimiento, el único que tiene la
capacidad de volverlos menos vulnerables a (o menos dependientes de) las políticas
crediticias, impositivas, arancelarias y cambiarias. Es necesario volverlos
menos vulnerables a dichas políticas porque suelen serles adversas debido a que
son formuladas para responder al interés nacional, el que muchas veces
desgraciadamente no coincide con el interés sectorial de la agricultura, por
legítimo que éste sea.
¿Cómo
liberarse de un Estado ineficiente sin caer en la dependencia de un agribusiness
eficiente pero expropiador?
Los agricultores conscientes de que el nuevo escenario internacional los está
obligando a que ellos mismos se encarguen de solucionar sus propios problemas y
que muchos de éstos tendrán que ser resueltos en sus propias fincas y
comunidades, deberán exigir que los gobiernos pongan en práctica un modelo
emancipador de dependencias externas el que debería tener las siguientes
características:
1 . El Estado debería otorgar mayor apoyo político y financiero a las
instituciones emancipadoras, ya sean públicas o privadas, que producen y
difunden conocimientos (facultades y escuelas agrotécnicas, organismos de
investigación, servicios de asistencia técnica y extensión rural y escuelas básicas
rurales). Debido a que en el mundo moderno ellas tienen una extraordinaria
importancia estratégica, la sociedad no puede negarles los recursos adicionales
cuando éstos sean realmente necesarios. Sin embargo, este apoyo deberá estar
condicionado a, que ellas eliminen sus eventuales sobredimensionamientos,
ociosidades, burocracias y gastos improductivos y se sometan a una profunda
reingeniería de eficiencia para que se vuelvan mucho más funcionales y
demuestren real capacidad de ofrecer soluciones concretas a los problemas de los
agricultores; otorgar a estas cinco instituciones más recursos para que
"sigan haciendo más de lo mismo" sin exigir antes de ello una
profunda reforma "eficientizadora" sería un grave error porque se
trata de cambiar en forma radical (no de perpetuar) lo que ellas actualmente están
haciendo. De no exigirlo se continuará legitimando
la inaceptable paradoja de
que gran parte de los recursos, de por sí ya insuficientes que el Estado asigna
para solucionar los problemas de los agricultores sean destinados a financiar
inercias e intereses corporativos de instituciones que seguirán: formando
profesionales y técnicos para el desempleo, generando tecnologías que los
agricultores no pueden adoptar ,manteniendo extensionistas recluidos en las
oficinas y enseñando en las escuelas básicas rurales contenidos irrelevantes
para las necesidades de vida y de trabajo imperantes en el campo. Es contra
estos despilfarros y distorsiones que los agricultores deberán protestar, antes
de seguir pidiendo más subsidios.
2. Estas instituciones emancipadoras, además de proporcionar a las familias
rurales los conocimientos, aptitudes y destrezas, deberían estimularlas a que
cambien de actitudes para que ellas mismas, al desarrollar su capacidad personal
y comunitaria sepan, puedan y quieran (Tengan la motivación, voluntad y
autoconfíanza para hacerlo.):
a) Introducir innovaciones productivas, gerenciales y comerciales que
contribuyan a corregir los gravísimos errores y distorsiones que ocurren en los
distintos eslabones de la cadena agroalimentaria, desde que el insumo sale de la
industria hasta que el alimento llega a la casa del consumidor.
b) Constituir sus propios mecanismos de recepción (desde afuera) y prestación
(hacia adentro) de servicios para que éstos reemplacen al Estado en el
suministro de recursos y de servicios necesarios para corregir las distorsiones
mencionadas en el punto anterior.
c) Organizarse en grupos para poder transfonnarse en propietarios de ciertas
etapas o eslabones del "agribusiness", encargándose de ejecutar en
forma grupal algunas actividades pre vias a la siembra y posteriores a la
cosecha, con el fin de evitar que sigan pagando innecesariamente precios cada
vez más altos por los insumos y recibiendo precios cada vez más bajos en la
venta de sus excedentes.
Los agricultores tendrán que darse cuenta que la cada vez más injusta relación
insumo/producto provocada en gran parte por
su falta de organización, junto con los bajísimos rendimientos de sus cultivos
y crianzas, provocados por la falta de tecnologías y de capacitación, son
indiscutiblemente las principales razones por las cuales ellos no consiguen
ganar dinero haciendo agricultura.
El
desarrollo desde abajo y desde adentro
Estas instituciones
emancipadoras deberían tener como uno de sus objetivos más importantes
profesionalizar a los agricultores para otorgarles capacidad de autogestión técnica
y empresarial. Al adquirirla podrán adoptar en forma eficiente, correcta e
integral las siguientes medidas que los liberarán de la excesiva y muchas veces
innecesaria dependencia del Estado y del agribusiness:
1. Priorizar la introducción de "insumos intelectuales" en los
hogares, fincas y comunidades con el fin de que todos los miembros de cada
familia rural incrementen su productividad y desarrollen su capacidad y voluntad
de solucionar ellos mismos sus problemas tecnológicos, económicos y sociales.
2. Empezar la tecnificación de la agricultura a través de innovaciones de bajo
o cero costo, las que al no requerir insumos externos, estén al alcance de
todos los agricultores. Los ingresos adicionales que ellos obtengan como
consecuencia de esta primera etapa de tecnificación deberán financiar los
insumos externos que son necesarios apenas en las etapas más avanzadas de
modernización. Esta gradualidad, al permitir que los recursos para modernizar
la agricultura sean autogenerados en las propias fincas, es la mejor estrategia
para desmitificar lo imprescindible del crédito rural oficial; y para evitar
que su insuficiencia siga constituyéndose, ad infinitum, en un obstáculo real
o una cómoda excusa para justificar "por qué" los agricultores más
pobres no tienen acceso a la modernización y a la prosperidad. Los factores
escasos deberán ser un complemento dentro de un proceso gradual de tecnificación
y no un condicionante para empezarla.
3. Incrementar la productividad o rendimiento de la tierra, maquinaria y
animales, que los agricultores ya poseen, antes de inducirles a que adquieran
estos factores caros en mayor cantidad; esta es la mejor alternativa para
contrarrestar la marcada insuficiencia de estos factores, los que debido a su
alto precio los agricultores no pueden y a veces no deben adquirir en mayor
cantidad. Si una vaca produce cuatro litros de leche al día (promedio de América
Latina) la prioridad deberá consistir en alimentarla adecuadamente para
duplicar o triplicar este rendimiento en vez de endeudar innecesariamente al
productor para que adquiera una segunda o tercera vaca.
4. Administrar los predios en forma eficiente con el fin de usar íntegra,
permanente y racionalmente todos los recursos disponibles. En muchas fincas
ocurren ociosidades y sobredimensionamientos, los que en virtud de su
persistencia y reiteración ni siquiera son percibidos por los agricultores;
ambos podrían ser disminuidos si los productores formasen grupos para adquisición
y uso en común de aquellos factores que debido a su alto costo y/o baja
frecuencia de utilización económicamente no se justifica poseerlos en forma
individual; como por ejemplo: sementales, ensiladoras, motosierras,
enfardadoras, trilladoras, instalaciones para la maternidad y cría de lechones,
etc. Especial atención deberá ser otorgada para que todos los miembros de cada
familia rural tengan, durante todo el año, ocupación productiva y generadora
de ingresos, especialmente vía diversificación de rubros y verticalización de
la agricultura (autoproducción de insumos y procesamiento primario de los
excedentes en las propias fincas).
5. Diversificar la producción con el doble propósito de disminuir la
dependencia de insumos externos (vía reciclaje de modo que los productos y
desechos de su propia agricultura se conviertan en insumos para su ganadería y
viceversa) y de reducir riesgos sanitarios, climáticos y de mercado, muchos de
ellos innecesarios y fácilmente evitables. Agregar o reemplazar en forma
gradual los cultivos tradicionales de baja densidad económica (yuca, camote, fréjol, maíz, arroz, etc.) que son vendidos a consumidores pobres, otros más
sofisticados o diferenciados que puedan ser ofrecidos a consumidores de mayor
poder adquisitivo. Agregar o reemplazar significa que los agricultores tienen la
opción de introducir rubros más sofisticados o diferenciados "en
vez" o "además" de los rubros poco valorados que
tradicionalmente producen.
6. Disminuir las importantes pérdidas que ocurren durante y después de la
cosecha; gran parte de los escasos recursos y del inmenso esfuerzo que hacen los
agricultores para producir más se pierden en forma inaceptable debido a la no
adopción de medidas elementales y de bajo costo, que permitirían proteger
mejor lo que ya fue producido.
7. Hacer el procesamiento primario de las cosechas, aunque sea en pequeñas
agroindustrias familiares o comunitarias, con el fin de incorporarles valor y de
conservarlas para poder diferir su venta para épocas de mejores precios. En
muchos casos es posible que sean los propios agricultores, y no necesariamente
los agroindustriales o comerciantes, quienes se beneficien del precio adicional
que los consumidores actualmente están pagando en los supermercados por el
embalaje y "maquillaje" (Limpieza, descascarado, pulimiento,
clasificación, fraccionamiento, envasado o empaquetado, etiquetado, etc.) de
los productos agrícolas.
8. Reducir, a través de la organización empresarial (no de la sindical o política)
de los agricultores, los excesivos eslabones de las cadenas de intermediación
con el doble propósito de disminuir el costo de los insumos e incrementar el
precio de venta de los excedentes. En el mundo moderno, el excesivo y muchas
veces innecesario eslabonamiento que ocurre antes de la siembra y después de
la cosecha se está constituyendo en una de las más importantes razones por las
cuales la actividad agrícola es un "mal negocio", especialmente para
aquellos agricultores que, sin darse cuenta del grave error del cual son víctimas
y/o culpables, se encargan exclusivamente de la etapa de producción propiamente
tal y delegan, por ingenuidad o comodidad, a los intermediarios y agroindustrias
las otras dos etapas.
En la medida de lo posible la organización empresarial de los agricultores
debería proponerse alcanzar en forma gradual y progresiva los siguientes
objetivos:
*Adoptar, en la compra de los insumos, procedimientos similares a los que
actualmente los agricultores adoptan en la venta de sus excedentes (comprar al
por mayor, con menor valor agregado, del primer eslabón de la cadena de intermediación).
*Adoptar en la venta de sus excedentes procedimientos similares a los que
actualmente adoptan en la compra de los insumos (vender al por menor, con mayor
valor agregado, al último eslabón de la cadena de intermediación); es decir,
los agricultores deberían organizarse en forma empresarial para hacer, en ambas
etapas, exactamente lo contrario de lo que hacen actualmente.
El logro gradual de estos dos objetivos permitirá disminuir las injustas y
exageradas diferencias que actualmente ocurren:
 | Entre los precios por los cuales los fabricantes venden los insumos y los
precios que los agricultores pagan por ellos; y |
 | Entre los bajos precios que los agricultores reciben en la venta de sus
excedentes y los altos precios que los consumidores pagan por ellos.
|
Los agricultores que adopten en forma correcta e integral (no parcial o aislada)
tan sólo estas ocho medidas disminuirán al rnínimo la cantidad y el costo de
las entradas, reducirán los costos unitarios de producción e incrementarán al
máximo la cantidad, la calidad y el precio de venta de las salidas. Y es apenas
esto lo que ellos necesitan para: a) alcanzar la rentabilidad y competitividad
gracias a su propia eficiencia tecnológica, gerencial y organizativa; b)
emanciparse del paternalismo estatal al prescindir o por lo menos disminuir su
actual dependencia del crédito oficial, de los subsidios y de medidas
proteccionistas; y c) estancar la injusta transferencia de renta desde el
empobrecido sector agrícola hacia las pujantes corporaciones agroindustriales,
comerciales y financieras; transferencia que ocurrió en el antiguo paternalismo
estatal y sigue ocurriendo en el moderno agribusiness.
Los
agricultores deberán dirigir sus reivindicaciones a otros destinatarios
Si estas premisas son
verdaderas, los gremios de agricultores no deberán tener muchos motivos para
seguir dirigiendo obsoletas e infructuosas reivindicaciones a las instituciones
(Congreso Nacional, Ministerio de Hacienda Banco Central, etc.) que antiguamente
contrarrestaban o compensaban, a través de subsidios y otros artificialismos,
los efectos de las ineficiencias del negocio agrícola. Pero sí deberán tener
muchos motivos para direccionar sus reivindicaciones hacia las mencionadas cinco
instituciones emancipadoras porque solamente ellas tienen la capacidad de
transformarlos en empresarios, quienes al volverse realmente eficientes
sencillamente no necesitarán subsidios. Estas manifestaciones de los
agricultores deberán:
a) Demostrar a las referidas instituciones emancipadoras que, debido a la
apertura de los mercados, a la escasez del crédito y a la eliminación de los
subsidios, ellas se han vuelto disfuncionales y no están respondiendo a las
nuevas restricciones ni a las nuevas oportunidades que se están abriendo a los
agricultores.
b) Convocarlas para que asuman una mayor parte de responsabilidad en la solución
de los problemas del sector agropecuario porque en el mundo moderno dicha solución
depende: i) mucho más de la excelencia en la generación/difusión de
innovaciones y en la formación/capacitación de recursos humanos; y ii) mucho
menos de la formulación de políticas crediticias, impositivas, arancelarias y
cambiarias, las que a pesar de los inmensos recursos que han manejado en las últimas
décadas no han sido capaces de sacar a la agricultura de la crisis en la cual
está sumergida.
c) Exigir que dichas instituciones demuestren, con hechos y no con palabras, que
tienen real capacidad de actuar como agencias "desarrolladoras" de las
potencialidades de las familias rurales, con el propósito de transformar cada
una de ellas en agente de su propio desarrollo.
Una
breve conclusión
Los productores
agropecuarios no pueden y no deben renunciar a su legítimo derecho de
reivindicar que el Estado cumpla con su deber de proporcionarles los
instrumentos mínimos que ellos necesitan para poder hacer una agricultura
rentable y competitiva.
Sin embargo, tendrán mayor posibilidad de éxito en la medida en que:
*dejen de mendigar recursos perpetuadores de dependencias que el Estado
generalmente no está en condiciones de proporcionarles; y que
*pasen a exigir conocimientos emancipadores de dependencias que el Estado puede
y tiene el deber de ofrecerles.
Una
reflexión final
"Cuando los
remedios no tienen suficiente eficacia para curar las enfermedades es necesario
curar los remedios, para que éstos curen al enfermo" (Padre Vieira, Sermão
de Santo Antonio).
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*Cortesía HORTIEXPORT
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