PETER
K. CONELIUS, Foro Económico Mundial
JOHN
W. MCARTHUR, Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard
MICHAEL
E. PORTER, Instituto de Estrategia y Competitividad, Escuela de Negocios de
Harvard
JEFFREY
D. SACHS, Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard
KLAUS SHUWAB, Foro Económico Mundial
Desaceleración e Incertidumbre: Redes Económicas Internacionales en el Despertar del 11 de septiembre de 2001.
Octubre 5, 2001
Los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, han conducido a numerosas reacciones rápidas en las esferas políticas y de seguridad: Hasta el 25 de septiembre, un estimado de US$2 trillones se perdieron en los mercados mundiales de valores, 20 de los mayores índices bursátiles mundiales cayeron en más de un 10%, y 32 índices nacionales cayeron en al menos 8% (ver tabla 1). En el mismo período, por lo menos 15 monedas vieron sus valores bajar al 4% o más, con relación al dólar, una tremenda cantidad en un período corto (ver tabla 2). Pero muchas de estas pérdidas fueron luego recuperadas: Entre septiembre 25 y octubre 3, más de US$500 billones se recuperaron de los $800 billones perdidos en el mercado de valores de Estados Unidos durante los 14 días que siguieron al 11 de septiembre, y el rebote en otros mercados globales fueron similares. Ahora, unas pocas semanas después de los ataques, la atención está girando hacia los impactos del 11 de septiembre a mediano y corto plazo, en la economía global.
Es con relación a estas tendencias económicas de mediano plazo (en rasgos gruesos, 5 años), que el Reporte Global de Competitividad está preocupado. En septiembre del 2001, la economía mundial ya se encontraba en el medio de una desaceleración cíclica. Alineados con nuestro declarado objetivo de proyectar las perspectivas de las economías de los países, independiente de los ciclos de negocios, este Reporte hace una asunción implícita clave: que la integración de la economía global continuará en los años por delante, a pesar de los shocks tales como el horrendo perpetuado el 11 de septiembre. Sin embargo, dado que los acontecimientos del 11 de septiembre fueron de tal significación potencial para la economía mundial y porque el Reporte no había salido aún a prensa en esa fecha, hemos decidido añadir el siguiente breve análisis de la economía mundial post-septiembre 11.
En el corto plazo, los ataques terroristas probablemente han actuado como un catalizador, empujando a la economía mundial en una recesión más rápida y más severamente de lo que hubiese sido el caso de otra manera. Dos factores son largamente los culpables. Primero, los ataques terroristas y las precauciones de seguridad tomados posteriormente a ellos, han hecho los viajes, negocios y comunicaciones más costosas. Posibles interrupciones en las redes de transportación amenazan el funcionamiento y eficiencia de las cadenas globales de producción. Segundo, y más significativo, negocios y la confidencialidad de los consumidores tuvieron un significativo golpe. Antes del 11 de septiembre, la resistencia al gasto de los consumidores norteamericanos era uno de los pocos signos positivos en una total desaceleración de la economía mundial. Ahora existe mayor incertidumbre del consumidor, dejando a las compañías a la espera de ver lo que sucederá a continuación. A pesar de que es probable que estos dos factores se disiparán durante el próximo año, bien podrían provocar una fricción en la recuperación de la economía global.
En el largo plazo, los ataques terroristas tendrán un duradero impacto negativo en el detonante de las respuestas políticas, un revés de la integración económica global que ha caracterizado los últimos veinte años. La posibilidad de un conflicto global a gran escala, terrorismo, políticas de contragolpe e incertidumbre de los mercados, tienen un potencial para incrementar los costos de negocios fronterizos a niveles que no se han visto en décadas, y por tanto a limitar los ingresos en economías de bienestar que la integración global de la economía puede alcanzar. Nosotros sin embargo esperamos y creeros que las respuestas al 11 de septiembre serán resueltas y poderosas, pero que se tendrán los cuidados necesarios para prevenir que éstos no descarrilen los beneficios de los negocios globales.
Encuesta Relámpago
Para evaluar la magnitud de los efectos del 11 de septiembre sobre los próximos seis meses, entre el 26 de septiembre y el 1 de octubre, llevamos a cabo una “encuesta relámpago” a 90 ejecutivos senior, cuyas compañías son miembros del Foro Económico Mundial. Les preguntamos seis cuestionamientos sobre cómo sus operaciones de negocios han sido afectadas por los ataques terroristas en Estados Unidos, solicitando sus opiniones tanto sobre las operaciones de sus compañías, como su visión general de la economía mundial. A pesar de que el tamaño limitado de la muestra previene de efectuar análisis estadísticos rigurosos, los resultados puntuales – y su consistencia a través de regiones y sectores – provee penetraciones útiles en el pensamiento actual de los negocios globales.
Sobretodo, la encuesta indica que el ataque terrorista ha tenido un leve pero no aplastante efecto negativo sobre los negocios y la confianza de los consumidores. Esto sugiere que la economía global es más resistente de lo que muchos observadores podrían sugerir. Interesantemente, la encuesta también reveló sentimientos de negocios consistentes alrededor del globo. La interconectividad de la economía internacional parece estar rindiendo ampliamente respuestas similares al actual ciclo de decrecimiento económico así como ante los eventos del 11 de septiembre. En este sentido, los ataques terroristas del 11 de septiembre no golpearon únicamente a Estados Unidos, sino también a otras naciones alrededor del mundo.
Cambios a inversiones corporativas
De los ejecutivos encuestados, un 64% no visualizó ningún cambio en los planes corporativos de inversión, debido a los sucesos del 11 de septiembre. Mientras que un 19% visualizó un decrecimiento de las inversiones de sus compañías en sólo un 10% o menos, y sólo el 15% anticipó un recorte de más del 10% en las inversiones. Sólo el 2% visualizó un incremento actual en la inversión. Notablemente, no se mostró una tendencia geográfica entre las compañías anticipando grandes bajas en inversiones. Efectivamente, aquellos con expectativas de mayores decrecimientos fueron compañías con operaciones globales a través de muchos continentes. En términos sectoriales, más de la mitad de las compañías de manufactura anticiparon ningún cambio en sus inversiones; así también lo hizo un 75% de las firmas financieras. Es de notar que estos resultados fueron recolectados incluso después de que las tasas de interés de Estados Unidos se redujeron al punto más bajo en cuatro décadas (el 2 de octubre). Aparentemente, a pesar de los titulares de sobrecogedoras historias de reducciones masivas de personal en pocas industrias, muchas si no la mayoría de las firmas tienen planes estables de financiamiento, relativamente robustos frente a los efectos posteriores del 11 de septiembre.
Cambios anticipados en la demanda
En la pregunta de calificar en una escala del 1 al 7, donde 1 = gran crecimiento en la demanda, 4 = ningún efecto, y 7 = gran decrecimiento en la demanda, el 20% de los encuestados anticipó que no habrían cambios de demanda en sus productos, mientras que un 18% está a la expectativa de un crecimiento en la demanda. Mientras que un 62% anticipó un decrecimiento, pero 2/3 de ellos anticipó que la caída de la demanda sería solo minoritaria (ej: un puntaje de 5). El promedio total de la respuesta fue 4,5, con una pequeña variación en puntajes medios según sectores de negocios. La variación fue también poco limitada geográficamente, con puntajes promedio de 4,0 para compañías operando en América Latina y de 4,6 para compañías operando en el Este de Asia.
Efectos de crecimiento de riesgo y costo de negocios
Tal vez la repercusión más obvia de los secuestros terroristas involucre un crecimiento del riesgo, y por tanto, de costos de hacer negocios. Estos costos incluyen, por ejemplo, incremento en las primas de seguros, incremento en los tiempos y gastos de embarque, reducción de viajes de negocios, e interrupciones generales en negocios. En una pregunta que solicitó a los ejecutivos establecer un puntaje en una escala de 1 a 7, sobre los efectos y consecuencias de los ataques terroristas sobre los costos de negocios (1 = pequeño efecto, 7 = gran efecto), la respuesta media fue 4,0. Compañías operando en Asia, en el Sub-Sahara de África, y Medio Este y África del Norte, fueron levemente más pesimistas que sus contrapartes operando en otras regiones, ofreciendo puntajes medios en respuestas de 4,3, 4,4 y 4,3, respectivamente.
Interesantemente, el puntaje promedio para ejecutivos identificando sus compañías como pertenecientes al sector de Tecnología de Información (TI), fue de 4,7. En un sector ya abofeteado por una demanda decreciente, el pesimismo sobre el efecto de los ataques fue mayor. Por supuesto, el impacto total en el corto plazo de tendencias tales como decrecimientos de los viajes de negocios podrían tener beneficios a largo plazo. Acostumbrándose al potencial de video conferencias y comunicaciones basadas en tecnología de Internet, podría ayudar a muchas compañías a reducir sus costos operativos.
Efectos en potenciales interrupciones en la cadena de oferta
Interrupciones anticipadas en las cadenas de oferta fueron significantes pero menos severas que los incrementos de costos esperados. Con la misma escala del 1 al 7 (1 = pequeño efecto, 7 = gran efecto), la respuesta media a través de la muestra fue de 3,0. Encuestados de firmas operando en Asia o Medio Este y Norte de África fueron ligeramente más pesimistas que sus pares, calificando en promedio las respuestas de 3,3 y 3,4 respectivamente, pero no se encontraron otras respuestas discernibles basadas en diferencias geográficas. En términos sectoriales, productores de TI estuvieron nuevamente muy preocupados sobre las interrupciones en la cadena de oferta, con un puntaje promedio de 3,9 para este grupo.
Efectos de potenciales interrupciones en el mercado mundial de crudo
De gran interés para todos los mercados es la posibilidad de que interrupciones en el mercado mundial de crudo afectará el entorno de operación de los negocios. Las respuestas a la encuesta relámpago reflejan esta incertidumbre, con un puntaje promedio de los encuestados de 3,7 (siendo 1 = pequeño efecto y 7 = gran efecto). Economías operando en Sub-Sahara de África tuvieron las peores expectativas, con un puntaje promedio de 4,6, mientras que compañías operando en América Latina fueron levemente más optimistas, con un puntaje promedio de sus respuestas de 3,4. A lo largo de los sectores, el puntaje promedio a esta pregunta fue bastante constante, excepto para firmas envueltas en TI, quienes nuevamente fueron ligeramente más pesimistas con un puntaje promedio de 4,5.
Percepciones de Recesión Total
De entre los ejecutivos encuestados, ninguno visualizó un fuerte crecimiento económico a nivel mundial en el año 2002. El 21% predijo un crecimiento modesto, pero un 79% predijo recesión en el año entrante. De interés significativo, sin embargo, es que levemente más de la mitad de los encuestados que predijeron una recesión creen que tal giro ya estaba predestinado desde antes del 11 de septiembre. En nuestra muestra, los ejecutivos con operaciones en el Medio Este y Norte de África fueron ligeramente más tendientes a creer que los eventos del 11 de septiembre causarían una recesión, mientras que aquellos operando en América Latina fueron de alguna manera más tendientes a creer que la recesión ya se vislumbraba en el horizonte. Entre los ejecutivos con operaciones en Asia, Europa del Este y Norte América, a grandes rasgos, el 45% cree que la recesión ya se encontraba en camino, aproximadamente el 35% percibe el 11 de septiembre como una causa mayoritaria de una futura recesión, y un 20% restante predijo un modesto crecimiento global en el año entrante.
El desglose de las respuestas fue bastante similar a lo largo de los sectores. En la mayoría de las áreas de negocios, una gran mayoría de encuestados visualizó una recesión en el año entrante y aproximadamente la mitad de estas personas creyeron que la recesión ya estaba en camino. La excepción fueron las firmas en la industria financiera, donde ligeramente más ejecutivos (un margen de 3 a 2) vio en el 11 de septiembre un elemento clave en causar la recesión por venir.
Juntos, estos resultados pintan un cuadro intrigante para la economía mundial. Ambos, inversiones corporativas y demanda de consumidores van a decaer al menos levemente en el futuro próximo, pero posiblemente no tanto como lo predicho por los temores previos. La relativa estabilidad de la inversiones planificadas y únicamente un menor decrecimiento anticipado en la demanda de consumidores y de corporaciones, sugiere que los ejecutivos no ven a los eventos del 11 de septiembre como el cataclismo para el mundo económico. La persistencia de este sentimiento dependerá sin duda del desempeño político y militar en el futuro.
Países con mayor riesgo
Los resultados de la encuesta relámpago proveen interesantes penetraciones en las perspectivas globales de negocios, pero elevan una igualmente importante pregunta. ¿Qué países serán los más afectados por la incertidumbre creciente? Nosotros podemos identificar cuatro principales, en ocasiones sobrepuestos, grupos de países en términos de exposición.
Primero están aquellas economías de mercados emergentes cuyo crecimiento en producción está más cercanamente vinculado con el ciclo de negocios de Estados Unidos. Estas economías ya estaban sufriendo antes del 11 de septiembre y son las más probables de llevar una carga pesada si la economía norteamericana requiere de un período más extenso para recuperar su “momentum”. Esto es particularmente relevante para las economías orientadas hacia la exportación, como son las del Este de Asia. Como lo indica la tabla 3, las exportaciones de Singapur a los EEUU son cerca del 21% de su PIB, en el año 2000, y Taiwán alcanzó el 13%, estas caídas representan grandes cambios para estas economías. Muchas de estas economías ya han experimentado una mayor depresión en la demanda de sus exportaciones de información y comunicaciones basadas en tecnología, a la vez que compañías estadounidenses continuaron en la recuperación de la burbuja del mercado tecnológico, que explotó en el año 2000.
En segundo lugar están aquellas economías con altos niveles de deuda soberana, particularmente aquellos con altos rangos de deuda por exportaciones. A pesar de que las tasas de interés han bajado a lo largo del G-7 desde el 11 de septiembre, los bonos a 10 años del Tesoro norteamericano han decrecido aproximadamente en 50 puntos base, mientras que el premio por riesgo y los mercados de bonos a largo plazo se han expandido en cerca de 100 puntos base (y en algunas instancias mucho más) en las semanas que siguieron al ataque. Economías tales como Argentina, Bolivia, Brasil, Nicaragua y Perú, que tienen altos rangos de deuda por exportaciones, podrían ser seriamente forzados en su habilidad para financiar nueva deuda o refinanciar deuda vieja, en los meses por venir. La tabla 4 indica algunas fluctuaciones seleccionadas del mercado de bonos, señalando la dispersión del riesgo.
En tercer lugar están las economías que podrían verse intervenidas por interrupciones en los patrones existentes de comercio, causadas por el incremento en los costos de seguros y de fletes, por el alargamiento de los tiempos de embarque, y por los retrasos extendidos en aduanas. Esto particularmente afectará economías dependientes del embarque marítimo y de carga aérea, nuevamente incluyendo a las economías altamente dependientes del comercio orientado a exportación del Este de Asia, notablemente Singapur, Taiwán, Corea y Malasia. Pero es posible que esto también afecte a firmas canadienses y mexicanas, que deban enfrentar mayores retrasos al cruzar las fronteras con Estados Unidos.
En cuarto lugar están aquellos países dependientes de los viajes y el turismo como fuentes significantes del ingreso nacional. El Banco Mundial recientemente estimó que el 65% de las vacaciones en el Caribe fueron canceladas en el corto plazo. Es difícil predecir qué tan duradera esta reticencia a viajar durará, ni qué tiempo tomará para que las personas vuelvan a tener confianza en volar, pero en el corto plazo, esto definitivamente tiene un impacto en países tales como Jamaica, que tienen ingresos por turismo equivalentes al 18% de su PIB, en 1999 (el dato más reciente provisto por el Banco Mundial). Mauricio está similarmente expuesta a fluctuaciones en el turismo, con ingresos por turismo equivalentes al 13% de su PIB. La República Dominicana y Costa Rica, dos países fuertemente dependientes en el mercado norteamericano para sus exportaciones, también son dependientes de su turismo, con ingresos estimados por esta actividad de aproximadamente 9,6% y 6,6% de sus economías, respectivamente. Como se notará en la tabla 5, los ingresos por turismo suman más del 5% del PIB en varios países europeos, pero los visitantes están más reacios a salir de esas economías dado que el mercado de viajes ha sido menos intervenido en Europa que en Estados Unidos, y también porque el servicio de tren es una alternativa más fácil para viajar en Europa.
¿Qué puede hacerse?
Con la tasa real de interés a corto plazo a la baja, y con los planes de inversión corporativos hasta ahora solo levemente afectados por el 11 de septiembre, las respuestas económicas deberían incluir un set de medidas para construir confianza y estimular la demanda de individuos y corporaciones, y ayudar a mantener la eficiencia de las redes de producción internacionales. En medio de la formidable incertidumbre, se requieren medios para garantizar que las redes de la economía internacional continúen operando con eficiencia y con la mínima interferencia.
La lección principal de la historia de la economía moderna es que vivimos en una economía que trabaja globalmente en red, donde grandes interrupciones en el comercio global, las finanzas, los viajes y la producción tienen significativos efectos en toda la economía del mundo. Incluso antes del 11 de septiembre, esto se hizo evidente nuevamente. La caída de la economía global en este año, dada por el reventarse de la burbuja financiera de Estados Unidos, ya estaba probando ser mucho más aguda de lo originalmente predicha, dado que los enlaces a través de los mercados eran más fuertes de lo que se comprendía comúnmente. Incluso las economías tales como Singapur y Taiwán, las cuales se ubican muy elevadas en nuestros índices punteros de competitividad, están siendo severamente afectadas por esta caída. Esto no implica que estas economías están pasando a ser menos competitivas, pero incluso más que las economías más competitivas en el mundo, están siendo afectadas por este ciclo de decrecimiento.
Los elaboradores de políticas deben evitar la confusión de tópicos estructurales, cíclicos y de corto plazo. Cuando la demanda global repunte nuevamente, estas competitivas economías estarán bien posicionadas. La clave es garantizar la estabilidad de las redes y los enlaces que permiten a las economías interactuar con la mayor eficiencia. Cualquier respuesta de la economía central al 11 de septiembre, por tanto, deberá involucrar el alentamiento del marco de globalización y el re-compromiso de los gobiernos alrededor del mundo para hacer que la economía mundial funcione para todas las naciones, incluyendo las más pobres. Sin contar con esto, la confianza en el marco económico internacional permanecerá abollada.
Más importante, los elaboradores de políticas necesitan continuar utilizando la diplomacia requerida para evitar un conflicto global a gran escala. Represalias militares son una certeza, pero por muchas razones, el mayor error sería el de instigar la clase de respuesta que envía a todo el mundo en un más amplio conflicto militar. A pesar de ser menos importante que la pérdida directa de vidas, los costos, los costos económicos serían horrendos.
Segundo, están las necesidades de tener confianza en la infraestructura básica del comercio internacional y transporte. Seguridad en aeropuertos, puertos marítimos, y otros nodos del comercio y movilización deben ser fortalecidas.
Tercero, OPEP debería continuar tomando sus decisiones de oferta en una forma que evita toda interrupción en la oferta y precio del crudo. Los gobiernos miembros de la OPEP están entre los más vulnerables en la actual crisis global, y deberían comprometerse con esta petición internacional.
Cuarto, los bancos centrales líderes deben continuar garantizando un amplio abastecimiento de liquidez, cono han estado haciendo desde los ataques en Estados Unidos. Con Japón ya en recesión, el Banco de Japón debería tomar una aún más agresiva acción para estabilizar la economía al vender suficientes yenes para prevenir cualquier futura apreciación de la moneda, e incluso algo de depreciación, como es urgentemente requerido para la recuperación de Japón.
Quinto, el mundo debería lanzar una nueva ronda en el Consejo de Ministros de la OMC en noviembre, como signo de la intención de todos los países miembros de la OMC a perseverar en la línea del libre comercio. Es el momento para que los países ricos respeten los deseos de los países pobres de obtener una rueda de comercio de tal tipo. Esto requeriría de las economías poderosas del mundo dar pasos proactivos, para garantizar que los países exportadores en desarrollo han logrado el acceso a los mercados de los países ricos (especialmente para exportaciones agrícolas y de vestuario), y para negociar soluciones mutuamente aceptadas para los problemas que conciernen a los países pobres sobre acceso a medicinas esenciales.
Sexto, los Estados Unidos deberían comprensiblemente renovar y expandir sus esfuerzos asistenciales para los países más pobres del mundo. La falta de desarrollo económico es una raíz causal de los disturbios sociales y la violencia, de tal manera que Estados Unidos y otros países ricos deben reconocer los sobrecogedores beneficios estratégicos alcanzados por apoyar el desarrollo económico de las naciones pobres. Quizás más crucialmente, los Estados Unidos necesitan proveer mayor liderazgo y financiamiento para proveer alivio de la deuda y ayuda financiera para los países más pobres, de manera que ellos puedan luchar contra enfermedades epidémicas como el SIDA, malaria, y tuberculosis, que están actualmente matando a millones de personas pobres en el mundo.
Pensamientos Concluyentes
La economía mundial se ha caracterizado recientemente por niveles sin precedentes de interconectividad en la producción global, comunicaciones y redes de trasportación. Incluso previo al 11 de septiembre, estuvimos viendo como los enlaces en estas redes intervienen en los destinos de las economías alrededor del mundo. Bajo la luz del inimaginable horror de los ataques del 11 de septiembre, los elaboradores de políticas necesitan encontrar caminos para proteger aquellas redes, dentro de un clima de incertidumbre y, en muchas instancias, temor.
La consolidación y expansión de las redes globales requiere una atención política permanente, tanto dentro como entre fronteras. Mientras que los elaboradores de políticas entendiblemente se enfocan en los temas internacionales, nosotros hemos resaltado previamente que ellos deben también continuar el enfoque en los esfuerzos para mejorar las estructuras subyacentes de sus economías domésticas. No queda duda de que las economías continuamente desarrolladas alrededor del mundo jugarán un rol de pivotes en reducir la ira y el sentimiento de fatalismo que fomenta terror y conflictos armados. Mucho más, incluso en el shock y horror que todos sentimos como consecuencia del 11 de septiembre, no debemos olvidar ni ignorar el tremendo progreso económico que ha sido logrado por docenas de países en los años recientes, y que debe ser continuado, en busca de reducir la pobreza y promover los estándares de vida mundiales.
En este final, esperamos que la información contenida en el Reporte de Competitividad Global de este año, sea útil para los elaboradores de políticas, esperando fortalecer continuamente la capacidad a largo plazo de sus economías para apoyar y promover los cimientos económicos del bienestar humano. Esta es la única vía para encaminar los temas de seguridad de manera exitosa en el largo plazo.