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HACIA UNA PRODUCCIÓN BANANERA SOSTENIBLE

 

Por Manuel B. Suquilanda V.

Ingeniero Agrónomo, Magister Scientiae

Tomado de la Revista Cultivos Controlados

Volumen 3 #5, mayo 2001

 

El proceso de conversión del monocultivo de banano, de un manejo convencional intensivo en insumos a un manejo diversificado con bajos insumos externos, constituye un proceso de transición con cuatro fases bien marcadas, cuya duración estará sujeta a factores técnicos, políticos, sociales y de mercado:

 

Eliminación progresiva de agroquímicos.

 

Racionalización y eficiencia en el uso de agroquímicos a través del manejo integral de nutrientes, prácticas agroconservacionistas, redefinición de los sistemas de siembra y número de plantas por hectárea y manejo integrado de plagas (MIP).

 

Sustitución de los agroquímicos por insumos de base orgánica o biológica y utilización de tecnologías alternativas bajas en insumos energéticos.

 

Rediseño de sistemas de agricultura diversificados con una integración óptima de cultivos y animales que refuercen la sinergia, de modo que el sistema pueda subsidiar su propia fertilidad del suelo, la regulación natural de plagas y la productividad de los cultivos.

 

Durante las cuatro fases, el manejo estará encaminado a asegurar los siguientes procesos:

 

Incrementar la biodiversidad tanto en el suelo como en los cultivos y en el campo circundante.

 

Incrementar la producción de biomasa y el contenido de material orgánica del suelo.
Disminuir los niveles de residuos de pesticidas y pérdidas de nutrimentos y agua.
Establecimiento de relaciones funcionales entre los diversos componentes de la explotación.

 

Dentro de los procesos que se sugieren, para lograr una producción bananera sostenible, se plantean las siguientes recomendaciones:

 

Establecimiento de cultivos diversificados:

Esta práctica consiste en establecer varios cultivos simultáneamente en el mismo campo. La distribución espacial de los cultivos puede ser en líneas o en franjas. En el tiempo, los cultivos pueden ser contemporáneos o alternos. En el caso del banano este seguirá siendo el cultivo principal.

 

La función principal de los cultivos asociados es la de aumentar la cobertura vegetal en el tiempo y en el espacio, formando estratos diferentes arriba del suelo para protegerlo del impacto de las gotas de lluvia. En este contexto se propone asociar al cultivo del banano de manera intercalada con especies diferentes: cacao, café, árboles maderables y frutales, etc. A mayor diversificación, menor incidencia de plagas. Además será importante rediseñar los sistemas de plantación (sistemas de hileras dobles, con espacios de entre 4 a 5 metros entre hileras que pueden dedicarse en primera instancia a la obtención de cultivos de ciclo corto; este sistema permite duplicar la cantidad de plantas/ha de los sistemas tradicionales) para posibilitar una mayor aireación e ingreso de luminosidad a fin de manejar los problemas relacionados con la incubación del agente causal de la Sigatoka Negra.

 

Cobertura muerta del suelo (mulch):

Consiste en utilizar materiales vegetales muertos para cubrir el suelo, esparciéndolos sobre la superficie de éste, con el propósito de protegerlo del impacto de las gotas de lluvia, reducir la velocidad del agua de escorrentía y aportar materia orgánica fresca. En el caso del banano esta cobertura estará integrada por los desechos resultantes de prácticas tales como el deshoje y deshije, pseudo-tallos, brácteas, raquis y fruta de rechazo picada y esparcida sobre el suelo.

 

Aparte de los desechos del banano, cualquier material vegetal de desecho de las plantaciones o de la agroindustria es bueno para este fin: rastrojos, paja, cañas, pulpa de café, cascarilla de arroz, bagazo de caña y otros. De ser posible el material grueso debe ser picado en trocitos para que no se vuelva hospedero de insectos y hongos patógenos. El material incorporado de esta forma puede ser inoculado con agentes microorgánicos, para acelerar el proceso de descomposición y asimilación de nutrimentos de la materia orgánica.

 

La cobertura permite conservar mayor humedad en el suelo, regular la temperatura, controlar malezas, favorecer la actividad biológica del suelo y contribuir a mejorar sus propiedades químicas y físicas. Esta actividad puede complementarse mediante la siembra de lombrices (Eísenia-foetida) en el suelo, a fin de incrementar la calidad de los nutrientes orgánicos en el suelo, airearlo, facilitar una mejor circulación del agua y aumentar su capacidad microbiológica.

 

Cultivos de Cobertura:

Consiste en la siembra de plantas anuales o perennes de sistemas radiculares y foliares densos que se intercalan con el cultivo principal para lograr la completa cobertura del suelo e impedir el desarrollo de malezas. Sirven para proteger el suelo de la acción directa de las lluvias y mejoran sus condiciones físicas y químicas para el crecimiento del cultivo principal, aumentando el contenido de materia orgánica y, si son leguminosas, fijando nitrógeno atmosférico. En las plantaciones bananeras se puede utilizar como cobertura especies forrajeras tropicales como: centrosema, siratro, Clítorea tematea, soya y maní forrajeros, a las que se inoculará con cepas de Rhizobium específico, para activar el proceso de fijación simbiótica de nitrógeno atmosférico. Estas plantas pueden podarse periódicamente para que se composten sobre la superficie, incorporando materia orgánica y nutrimentos al suelo.

 

Uso de abonos orgánicos:

Constituye una práctica de manejo fundamental en la rehabilitación de la capacidad productiva de los suelos degradados. Los abonos orgánicos son enmiendas que se incorporan al suelo para mejorar sus propiedades físicas, químicas y biológicas y con ello su fertilidad, o al follaje para incrementar su vigor y resistencia. Su aplicación debe estar sujeta a un análisis previo de nutrimentos y microbiológico del suelo. Los abonos orgánicos proporcionan a la planta los nutrimentos principales para su desarrollo y producción, especialmente carbono, mientras se da el proceso de descomposición (abonos fermentados), nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, azufre, magnesio, manganeso, hierro, etc.

 

Uso de biofertilizantes:

Consiste en el uso de microorganismos para mejorar la fertilidad natural del suelo, como son las bacterias que fijan nitrógeno atmosférico mediante simbiosis con las raíces de las leguminosas (Rhízobium) o de manera asimbiótica (fijación libre: Azotobacter A,-ospítillum) y hongos que viven en las raíces de las plantas (Micorrizas), permitiéndoles absorber mejor el fósforo y protegiéndolas de las enfermedades. Se recomienda efectuar inoculaciones periódicas al suelo con biofertilizantes, en dosis se sitúan entre 1.5 y 2 litros/ha, mediante aplicación con bomba de mochila delante de los hijos de las plantas.

 

Uso de fertilizantes y enmiendas minerales:

La fertilización orgánica de las bananeras se puede complementar mediante el uso de fertilizantes y enmiendas minerales: roca fosfórica, carbonato de calcio (cal agrícola), hidróxido de calcio (cal apagada), sulfato de calcio (yeso), carbonato de magnesio (dolomita) sulfato de potasio y magnesio (sulpomag), sulfato de cobre, sulfato de magnesio (sales de Epson), molibdato de sodio, óxido de cobre, o muriato de potasa, azufre, bórax, cobre, zinc, hierro.

 

Conservación de la humedad y oxigenación del suelo:

El aprovechamiento del recurso agua en una explotación bananera es de importancia fundamental, lo cual se logra mediante la aplicación de un conjunto de prácticas agroconservacionistas y técnicas de conservación de suelos utilizando medidas estructurales. Niveles freáticos altos van a impedir una normal absorción de nutrimentos y oxígeno por parte de las plantas, en detrimento de su productividad. Es recomendable airear periódicamente la base radicular de las plantas de banano, utilizando para el efecto herramientas tipo "trinche" con las que se practicarán orificios en el suelo alrededor de éstas. Esta labor permite "oxigenar" las raíces de la planta y mejorar significativamente su productividad.

 

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