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MINISTERIO DE AGRICULTURA Y GANADERÍA DEL ECUADOR
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ECUADOR:
PANORAMA DE LA CADENA DE ALGODÓN Y TEXTILES

El modelo bajo el cual se desenvolvió la economía ecuatoriana en las pasadas décadas, caracterizado por la intervención del Estado, altos niveles de proteccionismo, precios oficiales, restricciones a las importaciones, subsidios al crédito, permitió el crecimiento de la industria textilera y de la producción algodonera nacional.

La industria de fabricación de textiles estaba protegida de la competencia externa, mediante aranceles elevados, y limitaciones a la importación de ropa nueva o de uso; a su vez, esa protección a la industria se trasladaba al eslabón primario de la cadena, gracias a las restricciones establecidas a la importación de fibra de algodón, lo que garantizaba la absorción de la cosecha local, y a través de los denominados precios oficiales, que cubrían los costos de producción más un margen de rentabilidad.

Ese esquema, que obedecía a la política de sustitución de importaciones, si bien es cierto que generó un crecimiento de la producción agrícola e industrial, lo hizo sobre bases no competitivas y fomentó ineficiencias en la producción y en el procesamiento, a más del divorcio respecto a las reales condiciones del mercado internacional.

La crisis e insostenibilidad de ese modelo de desarrollo, así como el proceso de globalización de las economías a escala mundial, determinó la necesidad de implementar cambios en las políticas básicas, siendo 1992 el año en que se produce el viraje de las mismas, cuando se eliminaron los precios oficiales, el subsidio al crédito y se abrieron las importaciones de fibra de algodón.

El nuevo escenario evidenció las ineficiencias del sector algodonero, baja productividad y costos elevados frente a la media internacional, deficiente calidad, debilidad organizacional de los productores de algodón, absoluta dependencia de los mismos a las industrias locales para la comercialización, precios domésticos superiores a los costos de oportunidad en el mercado internacional.

Para la industria, el cambio de la situación le significó una reducción de los costos de la materia prima, porque el precio internacional, sumado a los costos de importación, en volúmenes calculados para uno o dos meses de consumo, era inferior al de los precios locales oficiales para el mercado doméstico, a los que se debían agregar los costos de almacenamiento, ya que la estacionalidad concentrada de la cosecha nacional obligaba a la industria mantener un stock relativamente alto.

La posición de la industria bajo este nuevo modelo es más favorable, porque la competencia con ropa importada de primera calidad se circunscribe a un segmento del mercado de consumidores con mejor poder adquisitivo y porque la importación de ropa de segunda mano está restringida, aunque se estima que el contrabando es significativo.

Otro elemento que ha favorecido la situación de la industria es que sus niveles de eficiencia son sin duda superiores a los de la parte agrícola de la cadena, tanto en el proceso de desmotado del algodón, como en la fabricación de telas y la confección de prendas de vestir.

El impacto de la liberalización del mercado interno y de la apertura comercial sobre la cadena se reflejó en una brusca caída de la superficie dedicada al cultivo de algodón, un descenso de la productividad ya de por sí baja, y del volumen de producción, un aumento directamente proporcional en las importaciones de fibra, un estancamiento de los precios domésticos y una disminución de la rentabilidad.

El hectareaje bajo cultivo de algodón se redujo de 32.200 ha. en 1992 a 10.650 ha. para 1995 y la producción decreció de 31.376 TM a 11.540 TM (en términos de algodón en rama). Los rendimientos promedios fueron inferiores a 1 TM/ha entre 1992 y 1994.

Los precios del algodón en rama se mantuvieron estancados en 34.200 sucres el quintal entre 1992 y 1993; esto significó una disminución del precio en términos reales y repercutió en una rentabilidad nula o negativa, desestimuló la producción nacional con el consiguiente aumento de las importaciones.

Las expectativas para el cultivo del algodón apuntaban a su desaparición en el corto plazo, siendo sustituido por maíz duro; es decir que la industria textil se vería en la necesidad de trabajar casi exclusivamente con materia prima importada, lo que al mediano y largo plazo representa un serio riesgo.

Sin embargo, a partir de 1995 se observa un detenimiento y paulatina reversión de la tendencia decreciente de la producción agrícola algodonera y del mínimo de 10.650 ha. se ha llegado para 1997 a cerca de 17.500 ha. y en términos de volumen se pasó de 11.540 TM a 22.750 TM en ese período (alrededor de 8.000 TM en términos de fibra de algodón). Los factores que explican ese comportamiento son los siguientes:

  • La positiva intervención de FUNALGODON, fundación que ha canalizado crédito en forma de insumos y de capital a pequeños productores, con pago en producción, y con asistencia técnica.

  • La tendencia alcista en los precios internacionales de la fibra de algodón registrada en los últimos años, la misma que desde 1996 ha empezado ya a ceder.

  • La decisión de las industrias textileras de apoyar la labor de FUNALGODON y de comprar el algodón nacional a precios acordes a los costos de importación.

Siendo la productividad, el financiamiento, los precios de comercialización y la calidad, los problemas que enfrentaba el cultivo, FUNALGODON los abordó integralmente en un inicio y con el apoyo del sector industrial y la confianza de la banca local, logró organizar a los agricultores en grupos de pequeños productores, que reciben el crédito y se obligan solidariamente a cumplirlo, siendo la forma de pago en producto cosechado.

Ese crédito se entrega en forma de insumos, de forma oportuna y en dinero para determinadas labores como siembras y cosecha que involucran muchos jornales. Para garantizar un nivel óptimo de retorno, el crédito contempla el pago de la asistencia técnica proporcionada por FUNALGODON, la misma que ha posibilitado que los rendimientos promedios se incrementen en un 40%, mientras que los costos se han reducido al eliminarse aplicaciones antitécnicas de pesticidas y haberse incorporado el control biolólogico de plagas y enfermedades.

La fundación ha implementado sus propios centros de acopio y recibe algodón a nivel de planta procesadora, evitándose así la nociva acción de los intermediarios y aumentando los márgenes de utilidad de los productores. El precio del algodón se conoce con anticipación a la cosecha, porque la industria está pagando a un precio acorde a los costos de importación, que dependen del precio internacional de la fibra y de la cotización del dólar, básicamente.

Esta loable labor de FUNALGODON se ha visto facilitada por la favorable coyuntura de los precios internacionales, que de 0.54 ctv.USD/lb en 1992, pasaron a 1.10 ctv.USD/lb en 1995, lo que repercutió en un alza significativa de los precios locales de 34.200 sucres/qq algodón en rama a 75.000 sucres/qq en 1995, siendo el precio de la cosecha de 1997 de 105.000 sucres/qq, con premios y castigos de acuerdo a la calidad.

La calidad de la fibra ha experimentado una mejoría notable; el porcentaje de impurezas ha bajado a márgenes mínimos, la presencia de polipropileno ha desaparecido prácticamente a raíz del uso generalizado de sacas de algodón, el tamaño de la fibra ha aumentado y sus características de color son equiparables a los estándares internacionales.

La mejor calidad de la fibra nacional ha permitido que de importador, el país pase a ser exportador de una fibra de alta calidad, muy apreciada en el mercado colombiano, en especial. En la actualidad se exporta alrededor del 40% a 50% de la producción local, aprovechando la coyuntura de precios internacionales relativamente altos y la complementariedad de las épocas de cosecha entre ambos países.

El aumento sustancial de los precios recibidos por el productor, con incentivos a la calidad, junto al incremento de los rendimientos, la disminución relativa de costos, la seguridad de crédito oportuno, la efectividad de la asistencia técnica, una comercialización interna más directa entre productor e industria y la posibilidad cierta de exportar, son estímulos claros a la producción, que detuvieron y revirtieron la tendencia decreciente de los últimos años.

Sin embargo de estas nuevas condiciones favorables, la superficie y la producción de algodón no han crecido más, debido a los siguientes factores, que se constituyen en un freno objetivo a la recuperación:

  • Las deudas anteriores acumuladas por los productores; las utilidades generadas por el cultivo en los años más recientes se ha destinado en gran parte a cancelar esos adeudos, lo que reduce ostensiblemente la capacidad de invertir en más áreas de cultivo.

  • El incremento registrado en las tasas de interés golpeó a la producción algodonera en 1995 y 1996 y aunque estas han bajado para 1997, aún se mantienen muy por encima de la inflación, desestimulando la inversión.

  • Las empresas textiles están en capacidad de pagar los precios actuales por un volumen de producción similar al que se ha venido cosechando en estos últimos años, pero un aumento significativo de la producción no podría ser absorbido en su totalidad a los mismos precios, sobretodo porque supondría la necesidad de incurrir en elevados costos de almacenamiento, debido a las tasas de interés vigentes. Tales costos serían descontados del precio de compra del algodón nacional.

  • Las condiciones climáticas han sido en sentido general desfavorables para el cultivo; la sucesión de inviernos secos o muy pluviosos y largos, han conspirado contra la obtención de mejores rendimientos, que aunque se han incrementado siguen siendo bajos en comparación con otros países.

Esta ha sido la situación de la producción algodonera, en relación a la agroindustria de desmotado y la fabricación de textiles en los últimos años. Para 1998 se presenta una anomalía climática coyuntural, aunque cíclico, denominada fenómeno de El Niño que tiene un fuerte impacto en las expectativas de la cadena algodón-textiles.

COMO AFECTARÁ EL FENÓMENO DE EL NIÑO AL ALGODÓN ECUATORIANO

El fenómeno de El Niño ha afectado la producción algodonera nacional y por ende las previsiones de compras locales y externas de las industrias textileras, desde la culminación de la campaña de 1997. La prolongación de la estación invernal de 1997 a los meses de mayo y junio, catalogada como efectos iniciales de El Niño, perjudicó los rendimientos, afectó la calidad de la cosecha, e incrementó el grado de humedad de la misma.

Al disminuir el volumen de producción nacional inicialmente previsto,- aunque este no tuvo características dramáticas -, de todas formas las industrias textileras debieron incrementar sus importaciones.

Una vez que el fenómeno de El Niño se ha desplegado en toda su magnitud, desde diciembre de 1997 hasta marzo de 1998, las expectativas de la producción algodonera han experimentado los siguientes efectos:

  • Retraso de las siembras, que normalmente empiezan desde diciembre y para el actual ciclo productivo se han aplazado para mayo, a la espera de que el comportamiento del invierno permita realizarlas.

  • Desplazamiento del pico de cosecha, hacia los meses de junio y julio, provocado por el retraso en las siembras.

  • Disminución del área a sembrarse y por ende del volumen a cosecharse, debido a que el invierno especialmente húmedo asociado a El Niño, genera mayores riesgos de pérdidas en el cultivo y desestimula su siembra.

  • Descenso de la productividad, debido a que el cultivo es especialmente sensible al exceso de humedad, con la consiguiente afectación a la rentabilidad del mismo.

  • Una probable disminución de la calidad del algodón que se coseche si prevalecen las condiciones de alta humedad; esto puede afectar a las exportaciones.

  • Un aumento de las importaciones por parte del sector textilero, proporcional al menos al volumen de fibra que internamente se deje de producir.

 

    Algodón y Textiles

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